La nueva inquisición

Columnas de Opinión
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La reacción de muchos seguidores del petrismo contra James Rodríguez dice más sobre ellos que sobre el propio futbolista.

Durante años escuchamos a la izquierda colombiana hablar de libertad, autonomía y dignidad. Celebraron cada gesto de desafío contra el establecimiento y repitieron hasta el cansancio que nadie debía arrodillarse ante el poder. Sin embargo, bastó que James decidiera no participar en un acto de reverencia política hacia la familia presidencial para que comenzaran los insultos, las descalificaciones y los cuestionamientos.

¿En qué momento la libertad dejó de incluir el derecho a decir “no”?

James no insultó a nadie. No discriminó a nadie. No protagonizó un escándalo. Simplemente tomó una decisión personal. Pero para muchos militantes del Pacto Histórico eso pareció imperdonable. Porque el problema nunca fue la falta de respeto, el problema fue la falta de sumisión.

Existe una diferencia enorme entre respetar a una persona y rendirle pleitesía. En una democracia, los ciudadanos no están obligados a admirar a los gobernantes ni a sus familiares, ni na ni na. Tampoco los deportistas, artistas o figuras públicas. El respeto es obligatorio; la admiración es voluntaria.

Lo preocupante es la facilidad con la que algunos sectores progresistas pasan de exigir tolerancia a castigar el desacuerdo. Son los mismos que piden respeto por todas las identidades, todas las opiniones y todas las formas de pensar, siempre y cuando coincidan con las suyas.

La verdadera prueba de la tolerancia no ocurre cuando alguien piensa igual que nosotros. Ocurre cuando alguien ejerce su derecho a actuar diferente.

James Rodríguez ejerció ese derecho. Y la furia que despertó demuestra que para algunos la diversidad termina exactamente donde comienza la discrepancia.

En una sociedad libre, nadie debería ser obligado a arrodillarse ante un político. Ni ante un presidente. Ni ante una primera dama. Ni ante una ideología. 

Ya lo había expresado en mi columna respeto selectivo, el supuesto cambio no busca cambiar nada, busca es imponer sua propias condiciones.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com