De hipopótamos y ambientalismo mal entendido

Columnas de Opinión
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Los hipopótamos que ahora habitan por centenares en el Magdalena Medio representan un notable ejemplo de las paradojas y contradicciones del pensamiento “ambientalista” en el país. 3 hembras y un mancho fueron traídos a Colombia por Pablo Escobar en los 80s, como pieza sobresaliente de su “zoológico privado” con el cual ostentaba poder y riqueza, y que hizo parte de las excentricidades típicas de los capos del narcotráfico de la época.

Tras la muerte del capo a finales de 1993, la Hacienda Nápoles, donde funcionaba el estrambótico zoológico, fue incautada y quedó bajo la tutela del Estado colombiano a través de Dirección Nacional de Estupefacientes. Dicha entidad no tenía la capacidad ni los recursos para dar manejo a esta propiedad y mucho menos a los animales exóticos más voluminosos que allí habitaban. Como resultado, los hipopótamos fueron abandonados a su suerte mientras que otras especies como las jirafas, fueron relocalizadas con éxito en varios zoológicos del país. Sin control, estos colosos empezaron a rondar libremente por las fincas cercanas y por los humedales y meandros del río Magdalena, que se encuentra contiguos a la Hacienda Nápoles.

El hábitat que se encontraron estos hipopótamos en la cuenca del río les resultó propicio para alimentarse, procrear y prosperar rápidamente, en un ambiente donde no tienen competencia o depredadores naturales. Por ello su población pasó de tan solo 4 ejemplares a finales de 1993, a aproximadamente 28 en 2009.

En ese año luego de varias quejas recibidas por parte de habitantes de la región respecto a Pepe, el macho original que se comportaba agresivamente amenazando pescadores, habitantes y cultivos, y luego de los infructuosos esfuerzos por reubicarlo, que fallaron debido a que ninguna institución podía aceptar un animal tan grande, peligroso y difícil de manejar, las autoridades decidieron autorizar su caza.

Para ello se designó un cazador autorizado, quien mediante dos disparos cumplió la tarea, con el respaldo de soldados del ejército que aseguraron el perímetro y las condiciones de seguridad en caso de algún imprevisto.

Por desgracia, el grupo que ultimó a Pepe, se tomó una infame y deplorable foto con el cuerpo del hipopótamo tirado al frente, cual si se tratase de un trofeo de safari en la África de comienzos del siglo XX. Fue en ese momento donde se desató la tormenta, con protestas a nivel nacional e internacional. Se declaró esta acción como inhumana, violatoria de los derechos de los animales, entre muchas otras críticas.

Debido a la presión popular y mediática, las autoridades decidieron suspender toda posibilidad de cazar estos animales, con el propósito de encontrar alternativas más “humanas” para controlar este problema. A pesar de muchas discusiones consultas y esfuerzos, ninguna alternativa viable se pudo aplicar.

Resultado de ello, hoy, casi 17 años después de la caza de Pepe, la población de hipopótamos en la cuenca del Río Magdalena pasó de un estimado de 28 a un aproximado de 200 ejemplares, lo que quiere decir que el problema se ha multiplicado por siete en ese período, con importantes consecuencias para la salud del ecosistema y elevados riesgos a la integridad física y económica de las poblaciones que habitan en la región.

Ante la magnitud de los hechos, los daños y el riesgo, finalmente el Gobierno colombiano decidió poner en marcha un “Plan integral y escalonado para controlar la población de hipopótamos”. Entre las medidas contempladas se encuentra la eutanasia de hasta 80 ejemplares durante el 2026. Se dice que en este caso la eutanasia se aplicará solo cuando “no existan alternativas viables”. Creo que en este punto ya es evidente que, si no fue posible relocalizar en su momento a 4 hipopótamos, a mediados de los 90, o aproximadamente 27 en 2009, mucho menos va a resultar posible hacerlo con 80 de estos animales en el período de unos pocos meses.

Por lo tanto, la “eutanasia” no va a ser el último recurso. La experiencia indica, que será más bien la opción que será implementada. Así mismo, pongo “eutanasia” entre comillas pues se trata de un eufemismo. La realidad es que las autoridades tendrán que eliminar a estos animales, en principio mediante medios químicos que implican la captura sedación y uso de fármacos.

Sin embargo, capturar a estos magníficos ejemplares es labor bastante peligrosa, teniendo en cuenta que es el mamífero que más seres humanos mata en África. Sus atributos explican el riesgo: musculosos y grandes (pueden pesar más de dos o incluso tres toneladas), veloces (trotan a 30 kilómetros por hora en tierra), excelentes nadadores, tienen afilados colmillos de 50 centímetros de largo, una gigantesca boca que al abrirla puede alojar con facilidad la cabeza de un león y son famosos por ser muy territoriales. Por ese motivo y para evitar heridos serios o incluso muertos entre los grupos que estarán a cargo de esta labor, sospecho que en muchos casos se tendrá que recurrir a lo que el plan denomina como: eutanasia física. Este término no es más que una forma elegante de encubrir la cruda verdad: los animales serán eliminados mediante disparo preciso, es decir exactamente lo que se hizo con Pepe.

El resultado final de todo este “ambientalismo” mal sustentado, es que se procederá a sacrificar a decenas si no cientos de estos animales en los próximos años. Esto se suma al importante daño ecológico acumulado que estos hipopótamos han generado en una parte de la cuenca del río Magdalena en las últimas décadas, más los riesgos y afectaciones a los que han estado sometidos los habitantes de esta región.

Por último, y no menos importante, se tendrán que usar preciosos y significativos recursos para la implementación de este plan, de seguro en desmedro de otros objetivos ambientales o sociales que en principio deberían ser más prioritarios.

En conclusión, el balance neto es muy negativo para el ambiente, la sociedad, y los propios hipopótamos, cuya población de por si sufre importantes quebrantos de salud debidos a la endogamia (todos los individuos descienden de los 4 hipopótamos originales). Todo esto es producto de un ambientalismo mal entendido, que carece de sentido de realidad y que al final genera más daño que beneficio, incluso para el propio medio ambiente.

Posdata: ¿Será que al menos algunos de esos líderes y ONGs que tanto criticaron la caza de Pepe en su momento, podrían ahora ayudar y aportar fondos para financiar el plan del Gobierno, así solo sea para compensar un poco los daños adicionales que se derivaron de sus acciones idealistas y de seguro bien intencionadas, pero que al final fueron terriblemente contraproducentes?

Sería un valioso acto de humildad y una forma efectiva de aportar a una verdadera solución al problema, en la que todos podamos unir esfuerzos en torno al sentido común. El resultado final de todas formas es terrible y doloroso, se tendrán que sacrificar a estos hermosos animales, pero es imprescindible para evitar la expansión creciente de los daños. Se estima que la población podría crecer hasta 500 individuos en el 2030, lo que ilustra la necesidad de actuar de forma urgente y de paso prevenir una potencial tragedia entre las poblaciones que tienen que convivir con los hipopótamos en un medio donde son una especie invasora.

rockvic@gmail.com X: @vimacoal