Un par de apuntes no tan sueltos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Leo con asombro en EL INFORMADOR de hace unos días la noticia relativa al ridículo -para decirlo en buenos términos- cobro por concepto de valorización (por no sé qué carretera que valoriza, sí, pero los predios de no sé quiénes solamente) que el ambicioso Gobernador de Magdalena pretende hacerles sufrir a los ciudadanos de este desdichado departamento.

Describe el informe cómo en Santa Marta se levantan las voces airadas en contra de lo que todo el mundo considera ya un atropello, y en consecuencia -continúa la noticia- se prepara una fuerte oposición civil ante lo que, en verdad, amables lectores, aún sin haber conocido los intríngulis jurídicos de este asunto, en especial en lo relativo al bello acto administrativo que la Asamblea debió de expeler acolitando esta gran iniciativa, debo decir que tiene un penetrante tufillo a chanchullito. O a chanchullote, lo dejo a su sabia elección.

Quisiera decir más pero no tengo todos los elementos de juicio para pronunciarme con rigurosa juridicidad sobre este asunto que le hará pagar millonadas a usted, a mí, y a los demás que se dejen. No tengo suficientes elementos (todavía) y, además, prefiero esperar a que evolucione debidamente la noticia. Como solía decir Hitler a sus subalternos: Los problemas tienden a arreglarse por sí solos. Me encanta ese refrán, aunque, como sabemos, Hitler perdió por mucho su guerra de esperas.

También, en la última revista Semana he leído (m.semana.com/nación/santa-marta-alcalde-rehen/175010-3.aspx)

un interesante reportaje intitulado "En Santa Marta hay un alcalde rehén", que trata de los problemas que Carlos Caicedo debe de estar enfrentando al finalizar sus primeros cien días de gobierno. La verdad, no lo envidio: Caicedo es un prisionero de sus doscientas cincuenta acciones de desarrollo en una ciudad en quiebra, y requetequebrada, pues la administración de Díaz granados cuadruplicó la deuda de la Ley 550; una ciudad con un Concejo que luce igual al descachalandrado edificio venido a menos (¿colonial, republicano?) que alberga a sus ilustres miembros; en fin, una pobre ciudad concesionada, por no decir entregada: eternas concesiones por todos lados, blindadas y con dueño único, se dice.

Por si lo anterior fuera poco, a Caicedo lo quieren tumbar. Eso está claro. Esperemos, sin embargo, que logre demostrar su inocencia frente a las imputaciones que se le hacen de beneficiar a paramilitares desde la rectoría de la Universidad del Magdalena (?).

Pues este es el panorama que se aprecia de nuestra realidad política y social, apenas con un breve vistazo. Lamentable y preocupante. Pero, ¿por qué he sugerido en el título de este escrito que las dos cuestiones tratadas no andan tan sueltas? Porque en la noticia de EL INFORMADOR a que me referí al inicio queda clara la posición del Alcalde de Santa Marta: se opone a la abusiva valorización que el Gobernador del huérfano Magdalena ansía cobrarnos.

Eso me gusta, y espero que continúe así, porque esto acaba de empezar, y sería bueno desde ya que se sepa quién es quién en este juego que no es solo político, sino social y hasta histórico: los ciudadanos colombianos que viven en Magdalena y Santa Marta -así como el país entero- merecen saber de verdad quién los gobierna, y quién no quiere que haya nunca una buena administración pública, honesta y transparente; y esto debe ser así porque un contrapeso, aunque sea de opinión, siempre es peligroso. Los corruptos lo saben.



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