Condenado sin pruebas

Columnas de Opinión
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Sobre el tema del atropello judicial al expresidente Álvaro Uribe Vélez hay mucha tela por cortar. Pero es obvio que los propósitos de fondo que se trazó la jueza militante Sandra Heredia, al proferir una sentencia kilométrica y nebulosa, se consiguieron a más no poder. Sin duda, el mamotreto de más de mil páginas cumple con su función de confundir, desviar la atención, justificar una pena exagerada, aparentar erudición y sujeción a la ley, etc.

En consecuencia, olvidamos a ratos que la falencia más protuberante de este acto circense es el hecho colosal de que Uribe fue condenado sin pruebas. Así es, no hay una sola evidencia directa de que el expresidente haya ordenado ofrecerle dádivas a un preso para que mintiera a su favor o para que lo hiciera en contra del heredero de las Farc Iván Cepeda Castro.

Además, esto salta a la vista al cotejarse con la solicitud que repetidamente hacía Uribe para que quedara claro lo que él pretendía al contactar un preso: “que diga la verdad”. No se pedía más; tan simple como eso. Y a nadie se le ofreció nada a cambio. En contraste, varios testigos declararon que Cepeda les prometió beneficios como contraprestación por vincular a Uribe con el paramilitarismo.

No obstante, se mancilló la jurisprudencia, pues solo se puede condenar en presencia de una prueba contundente, una prueba reina que demuestre “más allá de toda duda razonable” que, evidentemente, se cometió alguno de los delitos imputados. De eso, sin embargo, nada se vio en el juicio contra el exmandatario, nunca hubo una prueba directa como tal, y la ‘jueza’ lo condenó por meras inferencias.

Es que una persona tiene que tener una imaginación muy volada o una conciencia muy podrida para elucubrar que cuando Uribe dice “proceda doctor Diego (Cadena) que usted hace las cosas bien”, lo que ‘realmente’ quiere decir es algo así como “proceda con los sobornos doctor Cadena”. Una tergiversación muy canalla porque de lo que estaban hablando, claramente, era de que el delincuente Monsalve quería que Cadena lo ayudara a presentar una acción de revisión de su caso, lo que es perfectamente legal. Para eso fue que Uribe le dijo “proceda”.

Dice la ‘jueza’ que de las grabaciones de las conversaciones telefónicas de Uribe se desprende que el abogado Cadena lo tenía informado en detalle de sus gestiones, y que como en su carrera política ha sido evidente que Uribe practica la ‘microgerencia’ y que está pendiente de todo, es obvio que él fue el determinador de lo que hacía su abogado.

Así pues, que ante la ausencia de una prueba directa, la ‘jueza’ Heredia condenó a Álvaro Uribe con meras suposiciones e interpretaciones tan amañadas como puede hacerlas cualquiera mientras se toma un tinto en una cafetería. Una sentencia que seguramente le será premiada con una estadía en el exterior debido a supuestas amenazas contra su integridad.

Y no nos digamos mentiras: una sentencia que será ratificada en instancia de apelación por el Tribunal Superior de Bogotá no solo por simple solidaridad de cuerpo, sino porque la izquierda está enquistada en toda la rama judicial y este es su mayor triunfo en décadas. No solo le metieron doce años de cárcel al más grande enemigo que han tenido en Latinoamérica en todo un siglo, sino que lo quieren sacar a sombrerazos de toda actividad política hasta prohibiéndole el uso de las redes sociales y las visitas a su sitio de reclusión. Por eso la celeridad con que revisarán el caso para que no prescriba: harán en dos meses una tarea que generalmente se toma más de un año. Para juzgar a Uribe las reglas son distintas.

Que la luz de Miguel Uribe Turbay nos ilumine el camino. Faltan 356 días.

Columna de Opinión e-mail: saulhb@gmail.com