Desde su descubrimiento desde el mar, la bahía de Santa Marta ha sido reconocida como un puerto de aguas seguras, tanto por sus condiciones de gran profundidad natural, como por su capacidad de resguardo; todo acompañado de una gran belleza que la rodea. Desde siempre, los navegantes han valorado por encima de todo la seguridad marítima, como pilar fundamental de su oficio. Es común en el mundo marinero desear buenos éxitos en una navegación con la frase “mucha agua bajo la quilla”, resumiendo el gran valor que tiene que la embarcación esté segura y lejos de los peligros del mar.
A medida que la construcción naval se ha venido perfeccionando, tanto en materiales como en sistemas de propulsión, las embarcaciones se han vuelto más grandes, más rápidas y con mayores capacidades. Esto ha tenido un impacto en la seguridad marítima, ya que no solo se han aumentado algunos riesgos operativos para la nave, sino que, al poder transportar más pasajeros, también lo han hecho los riesgos para personas ajenas a la tripulación. Igualmente, el riesgo de impacto en el medio ambiente marino se ha elevado, como lo atestiguan los grandes desastres marítimos del siglo 20 que han resultado en masivas pérdidas de vidas (como el caso del Titanic) o graves daños ambientales (como el caso del Exxon Valdés).
En los últimos años, Santa Marta ha obtenido el segundo lugar en movilización de pasajeros por vía marítima en el país, siguiéndole las aguas a Cartagena. Sorpresivamente, en la temporada alta de mitad de año que acaba de finalizar, la capitanía de puerto de Santa Marta registró el mayor movimiento de pasajeros a nivel nacional. Diariamente, cientos de lanchas recorren las costas samarias llevando pasajeros entre las playas de la ciudad y las del Parque Tayrona, compartiendo el mar con deportes náuticos, actividades marítimas, la presencia de bañistas y el tráfico de buques. Con todo esto sucediendo al mismo tiempo, aparecen riesgos casi permanentes para la seguridad marítima que se pueden materializar en los llamados siniestros marítimos.
Los siniestros marítimos pueden ser colisiones entre embarcaciones, naufragios, lesionados a bordo de lanchas, etc. ¿Qué pasa cuando hay un accidente en el mar? ¿Qué autoridad dirime los siniestros marítimos en Santa Marta? La respuesta es sencilla, pero a veces desconocida para el público general: existe un juez marítimo local, pero no como los que conocemos normalmente con toga y mazo. En este caso viste uniforme y es el capitán de puerto de Santa Marta. A través de este funcionario, la Dirección General Marítima ejerce una “jurisdicción especial”, lo cual significa que para casos estrictamente marítimos se tiene una investidura judicial que permite investigar, declarar responsabilidad y establecer los daños y perjuicios ocasionados dentro de un siniestro marítimo.
Sin embargo, el verdadero éxito no radica en investigar y emitir fallos sobre los siniestros marítimos, sino en evitar que ocurran. Así como aquellos navegantes que inauguraron la vida portuaria de la bahía de Santa Marta, debemos recuperar y maximizar ese sentido de precaución, que otrora abriera un nuevo capítulo en la existencia de este territorio. La seguridad marítima siempre es preventiva, y además colectiva; no basta con que una autoridad exija a la nave y a su capitán el adoptar medidas de seguridad, sin la participación de tripulantes y pasajeros. Todas las personas involucradas son agentes de la seguridad marítima.
Cinco siglos después de que los primeros navegantes descubrieran el resguardo de esta bahía, el espíritu de la seguridad marítima samaria sigue intacto. Hoy, la tecnología y el auge turístico exigen que aquella concepción ancestral de seguridad marítima se traduzca en autocontrol, pedagogía y vigilancia constante. Los navegantes junto con la autoridad deben trabajar coordinados para que Santa Marta siga siendo un puerto seguro, garantizando siempre "mucha agua bajo la quilla".