Control a la violencia femenina

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com



Se ha dicho y mantenido a través del tiempo la frase que a la mujer no se le debe de tocar ni con el pétalo de una rosa, pero el tema de la violencia contra ellas en nuestro país se mantiene de muchas formas y se deja entrever en el maltrato de pareja que de manera soterrada se da y se aparenta o disimula en su entorno pero en lo más recóndito o en lo más íntimo de la pareja se observa esa batalla campal.

Al respecto se observa un panorama de impunidad; porque la mujer no se resuelve a denunciar ese maltrato.

Por violencia contra la mujer se entiende cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la actuación o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado. Se encuadra la violencia contra la mujer históricamente a un hombre golpeando a la mujer en la cabeza con un bolillo y luego arrastrándola hasta la cueva o morada. Es una imagen cavernícola.

Se violentan a las mujeres cuando son excluidas de espacios que con su formación académica pueden hacer aportes valiosos. Hasta hace pocas décadas ellas fueron privadas de una educación formal, tendencias generalizadas y solo eran instruidas para la función del hogar, del marido y la crianza de sus hijos. Ellas, siendo excluidas del ámbito público y recluidas, las ricas al ámbito privado, al hogar las pobres, teniendo que lidiar con el trabajo doméstico y el del campo, por carecer de los derechos naturales, que predicaban Montesquieu, Voltaire y Rousseau.

Corresponde al Estado diseñar, implementar y evaluar políticas públicas para lograr el acceso de las mujeres a los servicios y el cumplimiento real de sus derechos. El Estado es responsable de prevenir, investigar y sancionar toda forma de violencia contra las mujeres y especialmente a aquellas vulnerables o que estén en un riesgo inminente.

Actualmente la mujer asume cada vez con más ahínco, mayor injerencia en los negocios públicos, avance de las ciencias y bienestar social. No bastaría citar algunos casos no más para demostrar como la mujer no solo está para comprar y usar kits de maquillajes, tintes para el cabello y ropa a la moda, está dotada por la naturaleza con iguales o mejores atributos que el hombre; se ha destacado a niveles excepcionales en variadas, difíciles y austeras disciplinas humanas en la tierra y el espacio, pues ya las vemos hasta de astronautas.

Hay que resaltar que los cambios positivos en el trato doméstico y social de las damas se debe a la conciencia social de los ciudadanos y ciudadanas, motivadas por los movimientos feministas y por los esfuerzos de gobiernos europeos de mejorar y elevar el nivel de vida de ellas que les enseñaron a salir de lo privado, de la casa y a participar en el mundo público y hasta entonces era solo para hombres.

La mujer actual y de las próximas generaciones no puede permanecer al margen de esta gigantesca civilización contemporánea y sin ser beneficiada o destruida por su corriente impetuosa. Si las estructuras sobre las cuales descansa la actual sociedad cambian vertiginosamente, es obvio deducir que variaría también el método de vida que sobre ellas hemos cimentado. No se violenta a la mujer cuando la sociedad le brinda mayores oportunidades, a ellas: solteras o casadas, para aquilatar su educación en los diferentes ámbitos de la ciencia, la política, las artes, los idiomas, etc.

Actualmente se ha evidenciado a nivel mundial un crecimiento y desarrollo en la visión del papel de la mujer dentro de la sociedad. Variado rol que hoy por hoy involucra la participación interactiva de metas, proyectos e iniciativas articuladas a mejorar ostensiblemente el grado de competitividad para el bienestar social de la humanidad.

Concluyendo para una mejor convivencia podríamos decir que no hay que contrariar ni a la mujer ni a la lógica.



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