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Menos abogados, sí, y menos financieros, también

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



No hace mucho, el fundador y presidente de Nubank, el nacido en Colombia David Vélez, les lanzó un vainazo a los abogados nacionales que en lo personal no encajé, pero que ciertamente logró poner el dedo en la llaga: la superpoblación de agentes del derecho en el país ha terminado, no en la existencia cierta de justicia, como debería ser, sino en su vicio: la litigiosidad.

Es decir, en la “demandadera” redituable, que por oblicuas razones solo conviene a sus promotores (y, a la larga, a todo ese entorno); y que, por contera, evita que la economía colombiana avance plenamente, merced a sus efectos nocivos sobre el desarrollo empresarial, el empleo, el ingreso…, la generación de riqueza. Entiendo el punto y lo comparto, pero relativamente, pues hay matices que comentar. 

A lo mejor Vélez olvidó que la actividad financiera también tiene su perversión, es decir, lo que los entendidos han dado en llamar el “capitalismo rentista”, práctica de la que no se deriva retorno social significativo desde la propiedad y el control de activos, y que más o menos consiste en el enriquecimiento de unos pocos individuos que cuentan con todas las ventajas del establecimiento para hacer justamente eso, en desmedro de los empresarios y su empuje innovador en las sociedades. Algunos se preguntarán dónde está el problema de que esto sea así y no de otra forma; la posible respuesta quizás yace en la vieja idea de que el bien común debe ser el límite de la acción económica privada. ¿Es el rentismo financiero un desconocimiento sofisticado del bien común?

Responder ese nuevo cuestionamiento es trabajo de otros, desde luego, pero creo que al menos puede señalarse lo curioso que resulta que un financiero internacional como Vélez también culpe a la sociedad colombiana por no formar suficientes programadores, pues, en su concepto, eso es lo que este país necesita. En realidad, a los rentistas financieros no les debe de interesar demasiado el progreso social, ya que este (de estirpe antimonopólica) es el enemigo natural del poder corporativo de aquellos. Así que supongo que al líder de un banco digital (uno que no existe con paredes de mármol) le toca defender la tesis de que en el adelanto tecnológico financiero va inmerso un gran beneficio popular, lo cual acaba en más interrogantes sin solución fácil ni rápida. 

En este sentido, es contradictorio que, desde un sector bancario, se ataque la litigiosidad que conlleva el exceso de abogados en una jurisdicción: si en un país no existe justicia real y efectiva, sino leguleyada endémica, ¿cómo no va a prosperar la captura del Estado regulador (el agente oficial del bien común) en detrimento de la lucha contra la desigualdad económica rentista? Las prácticas monopólicas, el abuso de las prerrogativas del comercio internacional, la desregulación de las transferencias, la evasión y la elusión de impuestos, etc., ¿no son acaso subproductos, a partes iguales, tanto de la ausencia de un Estado de derecho fuerte, como de la presencia de sujetos que aprovechan esas debilidades estatales, y que, por añadidura, venden la sensación de que se da protección del interés público donde solo hay ejercicio del interés privado, por más legítimo que sea?