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“camarón que se duerme…”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


La Cámara Colombiana de la Construcción-CamacoL, en su último reporte destaca el buen momento de este sector en Santa Marta. La ciudad, registró un incremento en ventas de inmuebles nuevos al pasar de 5.146 unidades en 2021 a 6.191 en 2022. Esta tendencia positiva se mantendría durante el año 2023, con el inicio de construcción de 4.449 viviendas.

Si estos resultados fueron posibles pese a un Plan de Ordenamiento Territorial-POT que en lugar de facilitar la gestión del suelo la entorpece y limita su mayor aprovechamiento, una deficiente oferta de servicios públicos y una precaria malla vial urbana -soportes para el fomento del desarrollo inmobiliario-, ¿qué beneficios no podrían obtener tanto la cuidad como el sector, de existir condiciones favorables? El Rodadero, es claro ejemplo de cómo las fallas de gestión pública derivaron en caos urbano. Las autoridades –como el camarón- se durmieron en medio del “auge” inmobiliario que, por falta de planificación condujo al detrimento de la calidad urbana y paisajística del sector, así como la pérdida de potencialidades para un destino de mejor nivel turístico. 

La fallida planificación urbanística del Distrito, ha limitado la gestión de soluciones para las crisis de los servicios de acueducto y alcantarillado, cuyas disponibilidades han sido el principal desafío para los constructores, quienes han debido asumir el riesgo que implica esta falta de garantías para sus inversiones. Existe en el sector, la impresión que las trabas y dificultades que impone el POT, han expuesto a sus miembros a la práctica de conductas corruptas para acceder y/o facilitar sus gestiones de trámites.  

El sector de la construcción es una actividad económica, cuyo impacto es de gran magnitud en otros sectores. Su crecimiento, además de generar significativos recursos fiscales y empleos, es una manera de incentivar: formalidad económica, competitividad, acceso a la vivienda, sostenibilidad ambiental, desarrollo de infraestructura de movilidad, de servicios públicos y equipamientos sociales de forma planificada. 

Este potencial no ha sido aprovechado en Santa Marta. Prueba de ello, la incapacidad de avanzar en la solución del déficit habitacional, el cual es del 48,11% (Dane/2020) y al que se asocia una preocupante espiral de marginalidad urbana, reflejada en cifras como: 55.6% hogares con déficit cualitativo de vivienda habitan en viviendas con hacinamiento mitigable, 19.6% habitan en hacinamiento crítico (Dane/2018) e invasión de cerros urbanos por más de 12.000 familias. A falta de programas de vivienda formales, cientos de familias en Santa Marta, optan por desarrollos informales que requieren inversiones superiores a la cuota inicial de una VIS, que contrario a la exclusión, les ofrece dotación de servicios públicos, equipamientos y mejor entorno social, lo cual, es importante para fomentar cambios culturales en la comunidad. 

Opuesto a estas necesidades de ciudad, la construcción de VIS no ha sido priorizada por el Gobierno local. Reflejo de esto, que del total de viviendas comercializadas en 2022, el 80% (4.984) correspondió a vivienda No VIS, mientras solo el 20% (1.213) a VIS. Para el 2023, la proyección no mejora ante un 14% de VIS. Lejos de este comportamiento, está la producción de VIS en el orden nacional (total de 360.000 unidades construidas en 2022), en el cual, la VIS representó el 72% y la No VIS el 28%. En el 2023, del total de 250 mil viviendas proyectadas, se estima la construcción de 177 mil VIS (70%). Estas cifras, llevan a cuestionar por qué el Gobierno Distrital, pese al alto déficit habitacional, la presión de la demanda y el favorable soporte de la política de vivienda nacional, ha sido incapaz de promover la ampliación de la oferta de VIS en la ciudad. 

A falta de una planificación efectiva, pero sobre todo debido a la indiferencia de la ciudadanía, Santa Marta, corre el riesgo de que los beneficios del buen momento del sector de la construcción, se queden en manos de quienes en favor de sus intereses particulares han saboteado el desarrollo de la ciudad.