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Gobiernos del “cambio”: “por sus obras los conoceréis”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


Santa Marta, es hoy una ciudad en obra gris. Esto no es producto de la ejecución de trabajos destinados a solucionar sus principales problemas, sino de un conjunto de obras de bajo impacto que el Distrito decidió acometer antes de resolver los problemas importantes de la ciudad, las cuales, debido al retraso de sus programaciones o al quedar inconclusas, se han transformado en parte del paisaje urbano. Esta pésima decisión, le ha costado a la ciudad, además de miles de millones de pesos en sobrecostos, pérdidas para los distintos sectores económicos por la afectación que genera la pésima prestación de servicios, los problemas de movilidad, el caos en el ordenamiento urbano y la falta de políticas de desarrollo serias, que impulsen los sectores de mayores ventajas comparativas del territorio, como es el caso del turismo en sus distintas modalidades.

En contratación pública, la planeación es un pilar fundamental enmarcado en los principios de transparencia, economía y responsabilidad de la función pública. Esto fue confirmado por la Corte Constitucional mediante Sentencia C-300/2012: “el principio de planeación debe entenderse, en el marco de la contratación pública, como aquella exigencia que recae sobre la entidad pública de asegurar la veraz y amplia realización de estudios técnicos previos adecuados, de tal manera que resulte posible, fiable y público que la entidad defina con total certeza el objeto y naturaleza del contrato, las obligaciones que se generan, la distribución de riesgos y el precio”. ¿Será qué esto es letra muerta para los gobiernos locales?  

Priorizar las inversiones cosméticas, no ha sido una decisión que obedezca a simple ignorancia o falta de sentido común. Esto ha sido parte de una mezquina estrategia política de gobiernos locales, implementada con el fin de obtener réditos electorales mediante la manipulación de las expectativas de los samarios frente a las soluciones de sus necesidades. Ejemplo de esto: la crisis del agua. Así, se explica cómo después de doce años, y sin ningún resultado, siguen los anuncios de estudios para soluciones que nunca se concretan.  Mismo camino, al parecer transitará la crisis del sistema de alcantarillado. La deficiente prestación de servicios públicos, constituye hoy la principal limitante para el desarrollo y competitividad del territorio.

La deficiente planificación, sumada a la endémica incapacidad de los gobiernos locales para ejecutar, ha conllevado al detrimento de aspectos relevantes como la movilidad.  Desde hace más de treinta años, en Santa Marta, no se construye un nuevo corredor urbano, mientras su parque automotor crece de manera desproporcionada. Deterioro, huecos, obras minúsculas, sobrecostos y retrasos, es lo que se aprecia en la malla vial urbana.

El rezago y desarticulación de la movilidad, se evidencian también en la falta de regulación y control del estacionamiento y el uso del espacio público. Se desconocen estudios en los que se haya determinado la capacidad y condiciones de la oferta de parqueos de la ciudad, y mucho menos, información sobre la disponibilidad, accesibilidad y tarifas para conocimiento y toma de decisiones de los usuarios. La política de movilidad del Distrito, se reduce a imponer multas y decomisar vehículos.  

A la errática gestión urbana, tampoco ha escapado el ordenamiento urbano. El casi inexistente control urbano del Distrito, ha contribuido la aceleración de problemas como el crecimiento desordenado, la invasión del espacio público construido y natural -como las rondas hídricas y cerros urbanos-, la violación de normas urbanísticas, entre otros. Como resultado: una ciudad caótica en la que la desigualdad, la falta de oportunidades y la inseguridad, son el principal costo social y económico para el territorio.

A estas condiciones, se  suma la ineficacia o falta de políticas públicas sectoriales. Ejemplo de esto, que la ciudad haya sido hasta la fecha incapaz de construir un plan sectorial para el turismo, su principal actividad económica. Sin este tipo de instrumentos de planificación, será difícil para Santa Marta, definir la ruta y acciones para lograr la competitividad deseada.

 “Por sus obras lo conoceréis”, dijo Jesús a sus discípulos para distinguir a los falsos profetas. ¿Será que el desgreño financiero, el deterioro de la calidad de vida de la población y la pérdida de competitividad del territorio, no han sido suficiente para que los samarios conozcan a los gobiernos del “Cambio”?



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