La orden se acató y se cumplió

Columnas de Opinión
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Suele ocurrir que en algunos casos, los mandatos ni se acatan ni se cumplen; en otras, se acatan pero no se cumplen como sucedía cuando la Corona española dictaba leyes que no se cumplían en la América colonial entre los siglos XVI Y XVIII, entonces el virrey por considerarlas inaplicables afirmaba ante el cabildo: “Se acata pero no se cumple”. En el tema que nos ocupa, se acataron y se cumplieron las ordenes. El compromiso que asumieron Claudio Rodríguez, David Ferreira y los jugadores del Unión ante los Directivos “Bananeros”, en este segundo semestre, exactamente en el campeonato de la Liga II, del balompié profesional colombiano, era indudablemente mantener al equipo Samario en la primera categoría.

Ordenes que entre otras cosas, no eran nada fácil cumplirlas por la pésima campaña realizada en el primer semestre, donde en 30 partidos jugados apenas alcanzó 11 puntos, cifra insuficiente que lo colocaban como el primer candidato a caer en las brasas del asador del promedio del descenso de este año. Para no ser quemado se requerían alrededor de 30 puntos, tarea demasiado exigente teniendo en cuenta el bajo desempeño de la nómina en términos generales y la consabida deficiencia presupuestal, para armar un equipo altamente competitivo. Aparte el currículo de los entrenadores no los respaldaba para cumplir la imperativa orden de no descender.

La presentación en sociedad de las nuevas caras, tanto del cuerpo técnico como de jugadores, se realizó en una rueda de prensa que convocaron los Directivos en la sede del equipo en el mes de junio, la cual fue liderada por el Dr. Alberto Mario Garzón, Presidente del Club, quien entregó una breve reseña de cada uno y aprovechó la ocasión para hacer el lanzamiento del nuevo patrocinador.

Luego de la participación del entrenador Claudio Rodríguez, el preparador físico Daniel Jara, el entrenador de arqueros, Luis Fernández, los argentinos, Diego Chaves, Agostino Spina , Facundo Stable y Ricardo “El Caballo” Márquez. David Ferreira, no estuvo debido a que ese día se quedó dirigiendo los entrenamientos. El común denominador de los protagonistas se centró en el cumplimiento de la orden de no descender. Al final de todo, esa era la orden a cumplir.

Ante ese mayúsculo compromiso, me correspondió traer a mi memoria lo último que quedó en la caja de pandora, como fue la esperanza y salí de la sede, entonando unos apartes del brindis del bohemio, “por la esperanza que la vida nos lanza, de vencer los rigores del destino, por la esperanza, nuestra dulce amiga, que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino”.

De las ruedas de prensa que se han convocado al fragor de los inminentes descensos que le ha tocado sortear al equipo Samario, con todas las ordenes y la parafernalia del protocolo, esta ha sido, las más trascendental, porque la de 1999, con Gabriel “Barrabás” Gómez, se quedó en el intento; la del 2005, con Alberto Suárez, solo promesas y la del 2019, con Pedro Sarmiento, fue una tirada del manual de como aprender a nadar, a alguien que se está ahogando.

En cambio en esta oportunidad, lo casi imposible lo hicieron posible. En la cadena de refuerzos, fueron eslabones de oro propios y extraños que cumplieron al pie de la letra la orden de nos descender. La esperanza es lo último que se pierde y la orden es lo primero que se cumple.
Columna: Al blanco con blanco e-mail: albertocamiloblanco@gmail.com

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