Pelea de tigre…

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Existe un viejo dicho popular que habla de una pelea de tigre con burro amarrado. La expresión suele utilizarse cuando una de las partes llega a una confrontación con ventajas evidentes sobre la otra. A pocos días de la segunda vuelta presidencial, no son pocos los colombianos que empiezan a preguntarse si la contienda entre Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda se acerca a una situación semejante.

La cuestión tiene explicación: hace apenas algunos meses la candidatura de, De la Espriella era vista con escepticismo por buena parte de la dirigencia política. Sin embargo, su crecimiento terminó siendo sostenido. Las plataformas de apuestas comenzaron a reflejarlo y las encuestas registraron la tendencia. Entre todas ellas sobresalió AtlasIntel, que en medición previa se acercó con notable precisión al resultado de la primera vuelta, cuando habló de un empate técnico entre los dos candidatos que hoy disputan la presidencia. La última predicción lo da como ganador en la segunda.

Tampoco puede desconocerse el papel desempeñado por Paloma Valencia. Primero, porque fue protagonista de la gran consulta de la oposición. Segundo, porque sus coincidencias ideológicas con De la Espriella facilitaron posteriores acercamientos políticos. Y tercero, porque una parte importante del llamado voto útil terminó favoreciendo al hoy candidato de la segunda vuelta. Lo ocurrido confirmó que muchos electores prefirieron concentrar esfuerzos alrededor de quien consideraban con mayores posibilidades de enfrentar al candidato del petrismo.

Del otro lado, aparecieron dificultades que aún pesan sobre la campaña de Cepeda. La participación permanente del presidente Gustavo Petro terminó ocupando espacios que, en circunstancias normales, deberían corresponder al candidato. Más de una vez la discusión pública se desplazó hacia las actuaciones del jefe de Estado y dejó en segundo plano las propuestas de quien aspira a sucederlo.

Algo parecido ocurrió con la Asamblea Constituyente. Durante años Petro aseguró que no acudiría a ese mecanismo. La imagen de aquella promesa escrita en piedra todavía permanece en la memoria de muchos ciudadanos. Sin embargo, la recolección de firmas avanzó durante meses hasta que, en plena campaña de segunda vuelta, apareció la decisión de suspenderla. El cambio de rumbo resultó inevitablemente polémico y alimentó dudas sobre la coherencia del discurso oficial.

A ello se suma el desgaste producido por varias promesas incumplidas. La llamada Paz Total no logró los resultados esperados y el país presencia hoy episodios de violencia que afectan regiones urbanas y rurales. La extorsión se convirtió en una preocupación cotidiana para comerciantes, transportadores, ganaderos y pequeños empresarios. La sensación de inseguridad terminó instalándose en amplios sectores de la población.

Tampoco ayudan los permanentes escándalos de corrupción ni las dificultades que enfrentan miles de usuarios del sistema de salud después de las intervenciones estatales a varias EPS. Más allá de las discusiones ideológicas, los ciudadanos suelen evaluar los gobiernos a partir de los resultados que perciben en su vida cotidiana.

Por supuesto, las elecciones no se ganan antes de celebrarse. Las urnas son las únicas que tienen la última palabra. Sin embargo, al observar el estado actual de las campañas, los errores acumulados por un sector y las fortalezas construidas por el otro, resulta comprensible que cada vez más personas recuerden aquella vieja expresión popular sobre las peleas desiguales, en la que los protagonistas son un tigre y un burro.

Columna de Opinión e-mail: emcastroc@yahoo.com

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