Criminalidad y justicia

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com



El Génesis expresa en el capítulo cuarto, versículo 8: "Dijo después Caín a su hermano: salgamos fuera y estando los dos en el campo, Caín acometió contra su hermano Abel y lo mató".

Esta cita bíblica confirma que el hecho antisocial, fenómeno y producto de la naturaleza, es tan antiguo como el hombre mismo.

En la antigua Caldea, una de las ciudades más grandes y más ricas de oriente, entre sus murallas gigantescas y sus jardines colgantes, construidos por la reina Semiramis, el rey de Babilonia Hammurabi, formula su famoso código en el siglo XVII A de C, conteniendo disposiciones rudimentarias de medicina forense y otros ordenamientos criminológicos.

En una de las culturas más brillantes de antigüedad, en el valle del Nilo, los egipcios fundían en una sola entidad la religión, la magia, el derecho y la ciencia, encontrándose métodos de identificación al extirparles a los delincuentes los incisivos.

En la cuenca del río amarillo, entre su larga historia de 22 dinastías destacando la Tsin y la Chu, refiérese que desde quince siglos A de C, los chinos ya conocían la identificación mediante las huellas dactilares, procurando así la localización de los delincuentes para castigarlos.

Los descendientes de Jacob e Israel, llamados también Judíos, Hebreros o Israelitas, tienen en el antiguo testamento - Pentateuco, todo un genuino tratado de criminología, dado el cúmulo de homicidios, adulterios e incestos que se presentaban alrededor de ellos.

Hipócrates, asegura que el vicio es fruto de la locura.

Platón afirma que el crimen es una enfermedad del alma, el criminal es un enfermo, en consecuencia debe ser tratado para reeducarlo y si no suprimirlo o expulsarlo del país, si ello fuere posible.

Aristóteles asegura que la miseria engendra rebelión y delitos. En tanto, que el Apóstol de los gentiles San Pablo asevera: "porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago"

Tomás moro autor de la utopía, manifiesta que el delito es el resultante de la guerra y la miseria coadyuvando también la vagancia, el mal ambiente social y la educación pésima. Estas consideraciones del canciller de Inglaterra de Enrique VIII, indican que no hay un solo factor criminógeno, sino toda una variedad de factores, pugnó porque la pena fuese proporcional a la gravedad del delito, y luchó por el mejoramiento de las cárceles.

En Alemania el reformador religioso Martín Lutero, excomulgado por León X, expone su doctrina en la Confesión de Augsburgo, donde divide la criminalidad en urbana y rural.

En l840, Lauvergne concluye que existe una relación de causalidad entre la inclinación criminal y el anormal desarrollo del cerebelo. El escritor ginebrino Juan Jacobo Rousseau dice que "el hombre es naturalmente bueno y que la sociedad lo corrompe"

Cesar Lombroso, médico criminalista italiano, autor de la teoría que considera al criminal como un enfermo, causando tanta admiración y crítica con lo que él describía al "criminal nato" que disecó cerca de cuatrocientos cadáveres de criminales y examinó a más de seis mil delincuentes en busca de lo que denominaba los estigmas de la criminalidad; pensaba que todo aquel que ofreciera estos estigmas: lesiones orgánicas o trastornos funcionales, sufría una regresión al hombre primitivo, era algo así como medio hombre y media bestia. Influenciado por Darwin, aseveraba Lombroso que el hombre que ofreciera rasgos femeninos y la mujer rasgos masculinos, estos serían seres mal evolucionados, tenían propensión al crimen.

Las pasiones son factores criminógenos más imperiosos que el pauperismo, ya que el hombre mata con mayor frecuencia por ambición que por hambre, pero mucho, mucho más abominable es matar por el maldito vicio y por el dinero.

Una colectividad bien organizada tiene pocos delincuentes, en tanto que en cuanto están mal organizadas proliferan; la responsabilidad es de la sociedad representada en cualquier estamento o personalidad, que sin quererlo expresamente, pero al no optar las medidas correctivas del caso a tiempo, prepara y hace a los delincuentes.

No se castiga porque alguien haya delinquido, sino para que los demás no delincan, con estos conceptos se fundamenta la penología moderna, se castiga no por el sadismo de castigar sino por admonición.

No es para aplicar la justicia "ojo por ojo y diente por diente", ya que eso sería retroceder, menos la "justicia por la propia mano" lo que si es cierto es que el delincuente es una realidad humana, con un desarrollo de acometividad, la parte moral y la razón más defectuosa, que debe encontrar su corrección o contrapartida a su comportamiento errado.

Par concluir este tema que es preocupación de muchos y que al futuro sea reducida la criminalidad; recojo la frase: "Educad al niño y no castigareis al hombre".

 



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