Petro, la democracia social y ecológica

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Escrito por:

Eduardo Verano de la Rosa

Eduardo Verano de la Rosa

Columna: Opinión

e-mail: veranodelarosa@hotmail.com



 

Ha luchado por la democratización de la república, ha sido y es un demócrata, estoy convencido que, como Odiseo, ha aconsejado a sus marineros Gustavo Petro Urrego es el nuevo presidente de la República. Su legítima victoria electoral habla bien de nuestro Estado de Derecho. Bajo reglas jurídicas que fueron respetadas y en un ambiente político polarizado, reflejado en el resultado electoral, Gustavo Petro Urrego ha sido elegido y es nuestro nuevo Presidente de la República. 

Tiene la responsabilidad de la defensa de la unidad de nuestra república, trabajar por la paz y por garantizar los derechos humanos de todas las personas y fortalecer y democratizar las instituciones políticas y jurídicas, entre otras, descentralizar la república en lo político.

Un demócrata no puede confundir la regla de la mayoría con la tiranía de la mayoría. El presidente Gustavo Petro Urrego, lo conoce a fondo y lo ha sufrido en carne propia; muy especial, en este país con serias tendencias e instituciones de fuertes matices de concentración de poderes propias del presidencialismo y de la centralización política.  

Ha luchado por la democratización de la república, ha sido y es un demócrata, estoy convencido que, como Odiseo, ha aconsejado a sus marineros que se tapen los oídos con fina cera para no escuchar los cantos de sirenas del autoritarismo.

La república ha votado a favor de Petro, por un estrecho margen de  tres por ciento de diferencia por un nuevo proyecto de democracia, que es una democracia enriquecida con un proyecto social, económico y ecológico. Este proyecto abre camino a una nueva concepción de democracia.   

Este nuevo proyecto de democracia no choca con el modelo de democracia que existe, pero su implementación requiere de ajustes institucionales  que se hace necesario negociar con partidos, movimientos políticos, sociales y minorías étnicas y de género. De una democracia de libertades cívicas y políticas se proyecta transitar a una democracia social, económica y ecológica. Es una nueva oportunidad  para superar las extremas condiciones de desigualdad, miseria, hambre  y exclusión en que vive más de un tercio de la población de la república.

El proyecto de instaurar esta nueva democracia encaja en el marco de un proyecto mundial de revisar las políticas en el planeta, a fin de combatir, contrarrestar e impedir el calentamiento global con sus nefastas consecuencias en la vida del hombre en la tierra.  En otras palabras, es la salvación de la vida del hombre como especie condenada a su desaparición, si no se adoptan en forma urgente nuevos manejos del medio ambiente.


Esta nueva democracia requiere reformas institucionales que le acerque el poder político al ciudadano, por tanto, que descentralice el poder político en el territorio de la república a fin de que las comunidades tengan autonomía para administrar sus propios intereses con competencias exclusivas y excluyentes, sin la interferencia de un poder lejano y ajeno a los intereses de los territorios, cerrándole el paso a que el Estado siga ausente de los territorios, al privarle a la ciudadanía de sus derechos a autogobernarse.. 

La democracia que se proyecta institucionalizar presupone, insisto, un gran pacto de la ciudadanía de la república que inicie un proceso participativo, masivo, plural y diverso. La política requiere de mirar a lo lejos, es decir, mirar hacia donde se va. El proyecto político del nuevo presidente apunta a transformaciones institucionales, que van a la raíz de todo, y la raíz es el hombre y sus instituciones, la Colombia Humana apunta a una dirección, entendamos y cojamos el paso para marchar hacia ese noble fin. Porque la supervivencia humana en condiciones de dignidad es un noble fin. 



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