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Traiciones

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Poco antes de cumplir un año en el poder, el presidente José Manuel Marroquín dictó el decreto No. 855 del 17 de julio de 1901, cuyo artículo 1º, en su inciso 1º, advertía perentoriamente: “Todo colombiano que forme parte de fuerzas compuestas de extranjeros, ó de nacionales y extranjeros, y que lleguen á invadir el territorio de Colombia, es traidor á la Patria, en el caso de gravedad máxima prevista por la Constitución, y en consecuencia, sufrirá la pena de muerte”. Me pregunto si el carácter draconiano de esta prescripción, que es sin duda de tipo criminal, fue repasada una y otra vez –a lo mejor silenciosamente, mentalmente- por el gramático Marroquín, dos años después, en noviembre de 1903, cuando Panamá fue separada de Colombia y el cartagenero Manuel Amador Guerrero fue puesto como el primer presidente del istmo para iniciar así la construcción del canal interoceánico.

Por supuesto, abogados de levita tuvo que haber que dijeran que el conservador Marroquín no podría haber decretado la pena de muerte al conservador Amador, puesto que la recién promulgada constitución política de 1886, a pesar de su presidencialismo exacerbado (y, de cierta manera explicable: si no hubiera sido así, este país no habría alcanzado a ver el siglo XX todavía entero), delegaba la administración de la justicia en la rama judicial de entonces, no en el presidente de la República. Por otro lado, letrados más modernos del momento, quizás ataviados de chaqué, también pudieron haber metido baza en el asunto para aclarar que lo que el vaquero Teddy Roosevelt pergeñó en Panamá no fue propiamente una invasión a Colombia, sino apenas la reivindicación del derecho a la autodeterminación de los panameños, que con la sombría Bogotá nunca quisieron estar realmente, y que, si habían accedido a algo, era a tratar con Simón Bolívar y su delirio en 1821; de modo que, los colombianos participantes en la secesión canalera, ¿qué culpa podían tener de nada?

He recordado este episodio del sainete nacional porque, a pesar del cambio de los tiempos, las situaciones presentadas en este país de casi nula vocación internacionalista siguen siendo similares, a pesar de los reemplazos en el reparto de los comediantes actuantes. Ahora resulta que los Estados Unidos, siempre con la cabeza fría, siempre pragmáticos, han vuelto a tratar directamente con el “dictador” Nicolás Maduro (por aquel problema del petróleo ruso), quien seguramente no ha dejado de temblar de puro miedo desde que el presidente Iván Duque –presciente estratega- le vaticinara en febrero de 2019 que le quedaban “pocas horas” al frente de Venezuela. Así, mientras los gringos trabajan por asegurar su petróleo en medio de esta crisis global que amaga desgracia, a Duque no le dan explicaciones de ninguna clase y se reúnen con su peor enemigo. Permítanme reírme.

El presidente colombiano, por su parte, que lidera una ridícula campaña proyanqui desde ese febrero de 2019, y que él llama con pedantería “cerco diplomático” en contra de Maduro, ¿seguirá en lo sucesivo metido en eso, o será que por fin gobernará? Ha sido traicionado por su mejor amigo, como traicionados suelen ser los que no se respetan a sí mismos. Lo habrá entendido Marroquín.