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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



No seré yo quien actúe como abogado de oficio dentro de un proceso del que ni siquiera conozco sus pormenores. Serán las autoridades del fútbol las que, obrando dentro de sus nada claras competencias (la Dimayor, la Federación Colombiana de Fútbol, la Fiscalía General de la Nación, ¿el Ministerio del Deporte?, ¿Duque?), se encarguen de investigar y luego establecer qué fue exactamente lo que pasó en ese partido tan comentado entre el Llaneros y el Unión Magdalena del fin de semana pasado, que le dio al equipo de Santa Marta una nueva oportunidad. No seré yo quien hable por el Unión –decía-, pero por qué no opinar, puesto que si el presidente de la República investigó y juzgó él solito, y condenó al Unión sin guardar respeto por el derecho fundamental al debido proceso (el presidente, que es un ilustre letrado), hay que aprovechar ahora y escribir antes de que sea delito criticar a los políticos de este país por sus comentarios que nadie pidió.

Se dirá que el sabio que preside a la República investigó y juzgó no solo al Unión, sino al Llaneros, quizás a partir de lo que vio en televisión el domingo mientras almorzaba en el avión presidencial rumbo a algún destino fantástico. Puede ser. La cosa es que a mí no me interesa el Llaneros (si sus jugadores son venales o no, o si le tenían bronca al Fortaleza y se dejaron vencer para vengarse de algo), sino el Unión. Pues uno lo que espera es que un equipo samario no participe en nada que no sea futbolístico, nada de fuera de la cancha; no solo porque eso es lo correcto, sino porque Santa Marta no es la alcahueta de incapaces. Por ahora, no parece que haya nada de qué avergonzarse: no sigo en campeonato de la B (porque tengo mejores cosas que hacer, desde luego), pero entiendo que había tres equipos en contienda por el ascenso, y que uno de ellos era el propio Llaneros, F.C.

Entonces, la pregunta es válida: ¿por qué un equipo que aspira a ascender a la A, y que va ganando en el minuto noventa, jugando de local, habría de entregarse? ¿Dónde está la lógica escondida de este misterioso comportamiento de los hombres del llano? Pululan las llorosas explicaciones de los charlatanes de la prensa deportiva colombiana (exjugadores incluidos), y, como vivimos en ámbitos corrompidos, casi todas tienen que ver con la misma insinuación: Llaneros se vendió al Unión. El problema es que este último es un equipo al que no le sobran recursos económicos, y que, además, no ha estado particularmente interesado en volver a la A desde que descendió por primera vez, según comenta la gente, sus propios hinchas. Así, si bien el equipo protagonista en el asunto es el de Villavicencio, la sospecha –infundada-, en este caso, ha recaído –claro- sobre el equipo caribeño.

Los noticieros de televisión, los periódicos, la radio, ya no se dedican a averiguar por qué sigue en su puesto la señora presidenta de la Cámara de Representantes, ni desde qué perspectiva jurídica sería válido criminalizar a los que cuestionan a posibles desviadores del presupuesto público (sobre todo si ya los delitos de injuria y calumnia existen en el ordenamiento jurídico colombiano). No: ahora la noticia es que el costeño Unión Magdalena anotó los goles requeridos para elevarse. Vea usted.


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