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¡Qué lindo que es el fútbol, pibe!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Lo admito: mediante el título no reprimo las ganas de reírme de los futbolistas argentinos por cómo los intimaron en Brasil el pasado domingo, aunque ello haya sido nomás por el “simple” hecho de intentar pasarse por la faja a la ley brasileña en materia de sanidad de pandemia.
Debo agregar que, contrario a lo que opinan los mediocres comentaristas colombianos de televisión deportiva, que de alguna manera celebraban en vivo la infracción argentina, yo sí creo que el Gobierno del gigante suramericano actuó correctamente, haciendo respetar su territorio, a la brava si era menester (el oficial de la agencia federal, que se encaró solitario en la cancha con Otamendi y Acuña, cargaba en su espalda baja, enfundada, una de esas Beretta ligeras), en repudio del comportamiento de estos avivatos sureños que, al final, demostraron ser más bien genuinos bobalicones (entre los que se encuentra el arquero Martínez, de repugnante palabrería contra Colombia en la pasada Copa América, ante la que los nuestros, más ingenuos todavía, reaccionaron como niños nerviosos).

Que Bolsonaro estuvo detrás de la maniobra, para humillar a los vecinos y hacer política a su costa (combustible además para la movilización del martes); que el Gobierno federal pudo hacer el amago de deportación antes del juego, por incumplimiento de la cuarentena, y no lo hizo, de lo que es dable pensar que hubo mala fe; que a Brasil le van a quitar los puntos del partido, porque los negociantes de la FIFA están muy-muy enojados con uno de los mayores contribuyentes indirectos a las arcas del ente mundial con sede en Suiza; que, si bien la FIFA no está por encima del derecho interno de los Estados, y que los argentinos entraron al país mintiendo, “hay una cosa llamada cortesía”, por cuanto lo hecho por Brasil es un “papelón” mundial… Etc. Puras tonterías políticamente correctas que, a la larga, deberán evidenciarse como tales. El hecho concreto es que se demostró que al menos un país en Suramérica ejerce su soberanía, lo que importa más que una tarde de domingo sin fútbol; y es, al tiempo, una dura lección para Argentina, nación incapaz de recuperar sus islas.

Por otro lado, no es menos cierto que Brasil, mientras bregaba por limpiar el aire de coronavirus tanguero, le blandió el principio de reciprocidad al Reino Unido y a su medida de mandar a cuarentena a todo viajero que llegara desde la República Federativa, puesto que así lo permite dicha costumbre de las relaciones internacionales en materias reguladas por el derecho internacional, público o privado. De manera que, por donde se le mire, la actuación estatal vista en São Paulo se adecuó en todo a las normas jurídicas allí aplicables; y, en ese entendido, no sería comprensible que la FIFA, con su decisión sobre lo ocurrido, finalmente validara la corrupción argentina. Porque, ¿cómo va a ser imputable a la selección brasileña, o al mismo Gobierno, que unos falseadores no hubieran sido forzados a la cuarentena nada más llegar, como aquellos reclamaron? ¿Es que ahora se vale alegar la propia culpa como eximente de responsabilidad?; o sea, si daño a otro, ¿ello es falta del perjudicado, y no mía? Ridiculeces que tendrían que caer de su peso, a pesar de que, cuando escribo esto, la FIFA está decidiendo si hace lo que debe, o si solo complace a la tribuna.