Essmar: una cura peor que la enfermedad

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


La Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (Essmar E.S.P.), fue presentada ante la opinión pública como la entidad por medio de la cual la administración distrital de turno, corregiría las fallas y problemáticas de la prestación del servicio de acueducto en la ciudad.
Ingrid Aguirre, quien en su momento era gerente de dicha empresa, manifestó: “Santa Marta ya necesita una solución estructural al problema de desabastecimiento. Hoy nosotros decidimos tomar la operación, siendo coherentes con este sistema gobierno y con lo comprometido por el doctor Rafael Alejandro Martínez. Seguiremos buscando la solución definitiva para este problema y dándole continuidad al plan de contingencia que hemos trazado” (abril/2019).

Ante estas apuestas, la expectativa de la ciudadanía era que se iniciara el proceso de estudios, diseño y ejecución de la solución definitiva a la crisis del agua; el problema más sensible para los samarios. Gremios y sectores productivos, por su parte, vislumbraron nuevas oportunidades para potenciar las actividades económicas locales, atraer mayor inversión privada, estimular la generación de empleo y posicionar la competitividad del territorio. Es decir, la solución del agua detonaría un círculo virtuoso, que permitiría proyectar a la ciudad como un territorio de oportunidades para propios y visitantes.

Pese a lo anunciado, la cura ha resultado peor que la enfermedad. Desde el inicio de su operación, la Essmar, se ha convertido en un problema mayor para la ciudad, pues, además de no haber cumplido con su objetivo principal de solucionar la precariedad de la prestación del servicio de acueducto, a menos de un año de su creación, comenzó a constituirse en una bomba de tiempo financiera y operativamente.

Además del déficit de $42 mil millones registrado en diciembre/2020, la Essmar, desde el punto de vista operativo no ha generado resultados satisfactorios. La empresa, ha centrado sus intervenciones en el sistema de conducción, pese a que el eje de la crisis es la insuficiencia de fuentes hídricas para el abastecimiento. El retroceso de la ciudad, ha llegado al punto, en que la disposición del servicio de acueducto, opera en gran medida por medio de carro-tanques, cual ciudad de principios del siglo pasado. En este sentido, el Gobierno Distrital y la Essmar, deberían explicar a la ciudadanía, ¿por qué hay agua para disponer mediante carro-tanques y no por las tuberías? ¿Por qué este sistema de distribución se ha fortalecido a expensas del sobre costo que genera para los hogares?

Si esta situación resultaba lesiva para la ciudad, lo peor estaba por venir: hace dos semanas se conoció la denuncia de que, en el interior de la Essmar, presuntamente existe una red de corrupción a través de la cual se cobran sobornos a constructores para el otorgamiento de disponibilidad de servicios de acueducto a nuevas construcciones. Ante esta situación, la alcaldesa Virna Johnson, exigió al gerente (e) de la Essmar, que ‘destape la olla’ de corrupción. Esta petición, sin embargo, no será más que un saludo a la bandera hasta que los entes de control y operadores judiciales, asuman con la seriedad y diligencia que amerita el caso, las investigaciones y acciones pertinentes.

Ahora bien, conductas delictivas como las denunciadas en la Essmar, no deberían resultar extrañas, pues, la escasez de un recurso tan esencial como el agua, es fuente no solo para ello, sino también para la generación de conflictos territoriales, la inequidad e inestabilidad social, política y económica, así como el socavamiento de la gobernabilidad e institucionalidad; de ahí la importancia de gestionar soluciones efectivas y definitivas para este tipo de problemas.

Los últimos gobiernos distritales se han mantenido en el poder gracias a sus promesas de acabar con la crisis del agua en la ciudad, no obstante, los resultados cuestionan la asertividad y efectividad de sus decisiones. Así las cosas, a estas alturas los samarios deberían preguntarse si no es momento de manifestar el descontento y la indignación no solo frente a la falta de soluciones, sino también, contra las prácticas que desde lo público y privado lesionan los intereses colectivos.

El discurso de “los antes” y “los de ahora”, no puede seguir siendo la respuesta ante justificados cuestionamientos por los resultados de la incompetente gestión del gobierno actual y sus antecesores.


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