Covid-19 de oleaje a tsunami

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


La tercera ola de la Covid-19 en Colombia ha llegado a una cúspide infrenable, hoy este microscópico ser ya ha alcanzado la sumar 16.000 infectados y 500 fallecidos por día, no queda duda que por este virus nos encontramos viviendo una tercera oleada que debido a su crecimiento acelerado se ha convertido en una gigantesca ola cuyo tamaño semeja las oleadas de un tsunami, con la diferencia que el fenómeno natural tiene una existencia de horas, mientras que esta epidemia aún no se ha podido concretar cuál puede ser su siclo de vida.

El fenómeno destruye materiales y cobra grandiosas vidas, mientras que esta pandemia en 18 meses de continuo oleaje ha llevado a la muerte más de tres millones de seres humanos, es decir que las olas de microscópico ser, han demostrado que son más letales que lo que puede causar un tsunami, el tsunami tiene la propiedad de deteriorar la zona donde se realiza el fenómeno, mientras que el covid-19 se ha regado por todo el planeta y no hay rincón del mundo donde no haya realizado trastornos.

Las manifestaciones masivas que ha generado el proyecto de la Reforma Tributaria se tornan preocupantes, no por el estado desalentador que conserva la economía el país, sino que las gigantescas aglomeraciones en las grandes ciudades, no escapa que el riego de contagios pueda pasar en la siguiente semana de 16.000 a 20.000 contagiados y de 500 a 700 fallecidos diarios.

A pesar, que coronavirus ha demostrado su habilidad lesiva y amenaza con colapsar el sistema de salud en el país, han hecho caso omiso a las recomendaciones médicas y se lanzan a las calles, criminalizando con su conducta, el potencial apetito del mortífero del virus.

Las estaciones de policías y transportes abrasadas, el cierre de carreteras han originado el desabastecimiento de productos y los precios de primera necesidad han tomado mayor valor, los hospitales se han quedado sin botellas de oxígeno, el número de muertos y desaparecidos han sembrado en el país un estado de incertidumbre y nerviosismo, debido a que en la zona donde más se ha concentrado los disturbios, es precisamente la región donde tradicionalmente, operaron el frente 6 y 8 de la Farc y algunas estructuras del ELN, que sin duda están detrás de este apuro en que se encuentra el país.

No hemos podido demostrarle al mundo que hemos dejado el pasado lleno de incertidumbre, de violencia, de extorciones y secuestros, como tampoco hemos comprendido que el desorden nos arrima a vivir en íntimo contacto con la escasez, el desamparo y más aún al holocausto que nos hace difícil el reencuentro con la superación.

Con desplazarnos a las calles hemos asumido una conducta deplorable, las aglomeraciones no son aconsejables porque a este virus se la torna como carne de cañón, si seguimos haciendo un vago caso a su mortalidad, no es de extrañar que, al cumplir el primer semestre del año, podamos sumar 100.000 fallecidos, y penosamente demostraremos que nuestra pésima conducta nos ha llevado a convertirnos en un antro de aniquilación, de lágrimas y enlutamiento.

Como sigamos ignorando que las masas es la mejor red para que el virus sacie su apetito, nos podemos topar con que el demonio no encontrará tenazas para incinerar tantas almas vándalas.


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