Una vida que ha desatado tormenta

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


Hace más de cien años el Estado concedió al General Juan Manuel Iguarán un predio de más de quinientas hectáreas, cuya ubicación se encuentra al oeste de la cuidad de Riohacha con exactitud sobre la carretera que une a este municipio con la ciudad de Santa Marta.
Desde hace unos años este patrimonio heredado hoy por sus biznietos ha desatado una gigantesca tormenta que hace más de dos décadas ha venido incubando un serio problema, debido a que varias castas indígenas guiados por seudolíderes por conseguir sólido bienestar para su bien común, han fijado en el predio su asentamiento humano irrespetando las normas violando el derecho de la propiedad privada.

Cada día el problema se torna con mayor intensidad, hasta el punto, que ya cobró la vida del ciudadano Amauri Solano que por encontrase casado con Luz Aurora Iguarán, nieta del General, fue a inspeccionar su predio y de manera desprevenida le dieron cacería.

Mucho se ha dicho sobre este vil asesinato, incluso se ha llegado a comentar que esta chispa ha sido el inicio de un inagotable incendio. Lógicamente no puede dejar de existir el inconformismo por el vil asesinato, pero tampoco puede ser el inicio de una conflagración masiva donde posiblemente no halla vencedores.

En innumerables ocasiones las familias dueñas del predio, ha manifestado en consenso su deseo de llegar a un acuerdo con el ocupante de la propiedad, pero sus “ilustres conductores y seudolíderes” les han inculcado que por encontrase unos años en el territorio, se han ganado el derecho de propiedad, aunque carezcan de argumento jurídico que los soporte.

Este problema, ya mayúsculo y casi insoluble, no debe seguir viéndose con miopía es hora de que las autoridades intervengan de manera inmediata y se abrigue la esperanza de dar cabida a un gran entendimiento y se logre la posibilidad de un gran testimonio que se pueda registrar en un rico archivo, ya que con noble serenidad sus propietarios aún conservan la posibilidad de reubicarlos en el predio y concederles sus respectivos documentos notariales, esta acción sería la mejor manera de rendirle un gran tributo y veneración a la memoria de nuestro hermano Amauri.

Tengo fe profunda que este conflicto pueda llegar muy pronto a su fin, conservar el orden es supremamente necesaria para el bien común. Debe el Estado tomar medidas que desaten con urgencia este conflicto que insultos e injurias ha pasado a un inevitable problema insoluble que se torna día a día con gran dificultad.


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