El país de las irregularidades

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


Es insólito pensar que aquellos que tienen el grandioso honor de vestir el uniforme de la patria, a los cuales se les conceden el depósito de las leyes, se les confiere  el don de implantar disciplina, mantener el orden el orden social, se les encomienda la misión de hacer cumplir y respetar las normas y suministrar a la sociedad las necesarias garantías para el bien común, se ubiquen en los carreteables a pedir “ diezmo” a quienes con el mayor esfuerzo salen en busca del sustento diario.  

 

Inicialmente el “diezmo” no lastimaba con severidad el ingreso del comerciante, porque el monto del perjuicio era tan irrisorio que no justificaba poner en movimiento la acción de la autoridad, pero al correr de los días el “diezmo” avanzaba con innegable rapidez, hasta convertirse en un atentado contra la tranquilidad y la inestabilidad económica de los mercaderes, quienes estaban plenamente seguros que no cometían ninguna irregularidad ni mucho menos infringiendo las leyes, sólo conceden el monto por considerar que la justicia está lejos de ser rápida y oportuna y más es el daño que le ocasiona que el beneficio que le pueda prestar.

El decreto que prohíbe el acceso a los vehículos al mercado público de Maicao ha obligado al comerciante llevar sus pedidos en carruajes o carretillas, las autoridades del orden en busca de convertir su “diezmo en una bendición” para su bolcillo, incautan el producto irregularmente.

La pasada semana se originó un caso insólito en las estribaciones del mercado, por hacer caso a las normas emanadas de la alcaldía municipal y la restricción del tráfico de vehículo, mi primo Luis Ángel González envió su producto (queso criollo) en carruaje, los agentes del orden decomisaron el producto, Luis Ángel de inmediato se acercó a la Policía a que le informaran la razón del decomiso, le respondieron que por mandato de las leyes el producto se encontraba en manos de la Secretaría de Salud, se acercó a dicha Secretaría, una funcionaria que hace las base de secretaria informó que por tener un hedor impúdico, fue enterrado en un sector de la ciudad. La inquietud siguió cobijando al interesado y se dirigió al secretario de salud, quien le informó no haber recibido nada al respecto y descocer por completo la versión.

En todo caso ni las autoridades del orden, ni la civil han puesto en claro el decomiso del queso, lo extraño es que quienes compraron el producto en el mercado, parece encontrarse infectado del covid, porque no fueron capaces de percibir el nauseabundo hedor que despejaba el producto. No queda duda que éste es el país de las irregularidades.        



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