Sin odios, rencores, ni resentimientos

Columnas de Opinión
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No podemos seguir alimentando el odio, el rencor, el resentimiento ya que estos enferman y perjudican al alma, al individuo, a la familia, a una sociedad, y a un país en toda su dimensión. Hay quienes piensan que la venganza es necesaria cuando falla la justicia. Tremendo error es hacer justicia por mano propia vengándose para reparar el daño.

Los conflictos que ocurren en diferentes ámbitos del mundo producen en cada ser humano sentimientos negativos que afectan el desarrollo de la vida cotidiana. Conflictos que no sólo se dan en nuestra sociedad, sino que también ocurren en un medio tan importante como lo es la familia, que, como todos sabemos, es la base de la sociedad. Es entonces cuando aparece el rencor, provocado por algún resentimiento, arraigado en el interior del ser humano, que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente.

Son varios los motivos que lo originan. Insultos, abuso de confianza, engaños, ofensas, maltratos generan resentimientos que se acumulan y provocan deseos de venganza. Aparece así el sentimiento de odio que –como creo que sucede en la actualidad en nuestro país– no nos permite avanzar, pues continuamos arrastrando todo aquello que está en el pasado.

De ese modo se ahonda la famosa grieta, que afecta no sólo a nuestro presente sino también a nuestro futuro. Podemos mirar adelante siempre y cuando que, con intervención de líderes y dirigentes sin el sesgo de rencores, ni de odios seamos libres de este sentimiento negativo, por el bien de nuestra generación y de las próximas generaciones. No deberíamos dejar que la amargura y el padecimiento se conviertan en resentimientos duraderos que lleguen a perjudicar a nuestra descendencia.

De una forma u otra, lo cierto es que ir por la vida cargado de odio y rencor es como tener que llevar siempre un pesado saco a nuestra espalda que no nos deja ser del todo felices. Entonces, además de albergar sentimientos negativos, te estás negando la oportunidad de ser feliz. En resumen, lo veas por donde lo veas, estos sentimientos no generan nada positivo. Por eso lo mejor es trabajar para canalizarlos y eliminarlos de una vez y por todas.

A la larga, el odio y el rencor encierran un profundo resentimiento y se basan en la necesidad de decir algo que jamás se ha podido expresar (o al menos no con la intensidad que las personas desearían). Las personas, los entes o los miembros de un territorio de cierta forma, se siente defraudados y comienzan a generar dentro de su mente una serie de ideas negativas contra ese enemigo.

Estos dos sentimientos muy profundos (el odio y el rencor) se arraigan y terminan desequilibrando nuestra mente y cuerpo; porque cualquier sentimiento negativo que experimentemos, sobre todo si está presente durante años, termina pasándonos la cuenta y volviéndose contra nosotros; si seguimos en esa misma línea como está ocurriendo hoy en día en nuestro país, y en nuestra región no saldremos nunca de tanta polarización, tanto veneno que intoxican a todo un territorio.


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