La libertad y el libertinaje de expresión, ¡qué diferencia¡

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


La libertad de expresión es uno de los grandes tesoros que heredamos de la libertad, este derecho nos otorga el poder de expresar ideas y opiniones libremente siempre se haga en forma respetuosa y de manera constructiva como tal vez lo deben señalar los límites constitucionales, de otra manera sería acudir al libertinaje de expresión,

La libertad de expresión se puede considerar como un símbolo, como una tea alegórica de todo un gran esfuerzo, y ésta se logra luchando mediante batallas y ella es capaz de mover un país entero para su beneficio.

La democracia concede a sus conciudadanos la facultad de elegir, el actuar propio respetando las leyes y los derechos de los ciudadanos sin llegar al uso de la palabra mediante vocabularios soeces, insultantes e inapropiados. Es claro que no se debe confundirse la libertad de expresión, con el libertinaje de la expresión como se acostumbra en nuestro medio donde se ignora los derechos ajenos e incluso a veces ni los propios y se insulta al sacerdote, al arzobispo y la dignidad de presidente de la República. Muchas veces quienes hacen uso del libertinaje expresivo se extralimitan en sus acciones y poco importa el descrédito de la moral, sus actuaciones muestran una conducta desenfrenante hasta llegar al desafío y a la ofensa.

La liberta de expresión en cambio deja atrás la barbarie y el holocausto que pueda ocasionar un disgusto e hipoteca su desbordado ímpetus de salvajismo y entiende con claridad que la opinión no debe tener síntomas de agresión.
Una bandera materialmente considerada es solo un pedazo de trapo y, sin embargo, en ese símbolo ha cifrado la humanidad su más hondo sentido. La bandera es la patria. Ella pregona su grandeza y su decadencia, sus desfallecimientos y sus esperanzas. Morir por ella es conquistar la gloria, y hacerle traición, degradarse. Por significar tanto y por valer tanto como emblema de la patria, se le concede el honor al primer mandatario de llevarla sobre su pecho como un escudo protector que lo ponga a cubierto de todos los dardos de la ira, de la incomprensión y de la envidia, incluso cuando la misma justicia en hora de la desgraciada, llega hasta el corazón de la víctima, lo hace cuando ya la ley despojó al infortunado el tricolor de la República.

Por desgracia muchos opositores desconocemos los emblemas de la patria, el respeto que ellas merecen, arrinconan la disciplina de la expresión y usan sus raquíticos conocimientos explosivos sepultando la dignidad presidencial, y olvidándose que el presidente fue vencedor entre casi 20.000.000 de colombianos que fueron a las urnas electorales a escoger su mandatario.

Si queremos reconstruir una nueva Colombia, debemos cautivar las lanzas de la violencia, restablecer la armonía, acrecentar el patriotismo, para ver si entre todos sacamos al país del estado comatoso en que se encuentra y comencemos a construir la fecunda paz que con tanta urgencia necesitamos.


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