La culpa no es de los ríos

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com



Como defensor de la naturaleza y en esta oportunidad, los ríos; un referente es el río Manzanares que nace en la Cuchilla de San Lorenzo, Sierra Nevada de Santa Marta; en sus 18 kms., recorre área rural, atraviesa y desemboca en la bahía de Santa Marta. El río Manzanares provee de agua precariamente a la Perla del Caribe, junto con pozos profundos, pero al ingresar al sector urbano, se encuentra “encañonado” por las partes traseras de casas y éstos habitantes en especial desechan lo peor y basura al río; aquí empieza a enfermarse y desemboca contaminado, completamente muerto al Mar Caribe.

Lo que me preocupa y no se entiende es que los habitantes ribereños del río Manzanares pagan el servicio de recolección de basuras de sus casas al distrito; no se la entregan al camión recolector, sí al río, que incoherencia, causándole daños ambientales irreparables; basura que, arrojada al lecho seco, permanece por buen tiempo y al llegar la época de lluvias es arrastrada al mar. En su desembocadura, aparecen jornadas de limpieza por iniciativa de ambientalistas; las cuales aplaudo, protegiendo las playas de la ciudad que vive del turismo, no el mar; porque el mar es sabio y en el rebalaje del mar, naturalmente devuelve la basura que ha recibido.

Preguntamos ¿Debemos proteger el río o el mar?. Protegiendo el río igual suerte correrá el mar. Nuestro propósito y mensaje es que se discipline y culturice a sus ribereños río arriba, para protegerlo y llegue con vida a la desembocadura; por lo menos donde el río se urbaniza. Aquí es donde deben cuanto antes entrar a operar los Departamentos Administrativos de Protección Ambiental, la CAR., ONGs. ...

Del río, de ésa maravilla natural se dice que antes de entrar al mar, el río tiembla de miedo, va contaminado, mira atrás todo el camino recorrido, las cumbres, las montañas; el largo y sinuoso camino abierto a través de selvas y poblados y ve frente de sí un océano inmenso, tan inmenso que entrar en él solo puede significar desaparecer para siempre. Pero no hay otra manera, el río no puede volver; ni siquiera volver para señalar a quienes lo han contaminado. Volver atrás es imposible en la existencia. El río necesita aceptar su naturaleza y entrar en el mar. Solamente ingresando al mar se diluirá el miedo, porque solo entonces sabrá el río que no se trata de desaparecer en el océano, sino en convertirse en océano.

Esto es leyendo y practicando. A descontaminar nuestros ríos. Los ríos no son culpables, su comportamiento, cuando se desbordan nos da a entender como los tratan los seres humanos desde el nacimiento hasta su desembocadura. Las campañas de reforestación en la ronda hidráulica son necesarias, igual en sus riberas; pero en muchos sitios, no es posible, ya que se encuentra el cemento. No se respeta lo señalado en el artículo 33 de la Ley Forestal, la faja no inferior de 30 mts. promedio de ancho, paralela a las líneas de mareas máximas a cada lado de los cauces de los ríos, quebradas y arroyos.

Las acciones destructivas a los ríos se pueden corregir con buenos comportamientos naturales que los seres humanos les entreguemos; la función de estos es dar vida y los humanos se la quitan. Los contaminantes de los ríos son los desechos tóxicos y basura que les arrojan personas, fábricas y la explotación minera.
Bienvenidas las campañas, no solo de limpieza; también de descontaminación, que no es igual.


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