En estado de necesidad

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Considero inadmisibles, por regionalistas y venenosos, los comentarios insensibles (la mayoría provenientes de ciertos compatriotas interioranos, mediante las muy valientes formas de Twitter) respecto de la espantosa muerte de siete personas, y de decenas de quemados, a propósito de la tragedia ocurrida en la Troncal del Caribe a primera hora del lunes último, al frente del Corregimiento de Tasajera, Municipio de Puebloviejo, Magdalena.
Los colombianos que hemos transitado mil veces esa vía sabemos del horizonte de pobreza, absoluta, total, ineludible, que se padece allí. Es ya un sobreentendido que dichos poblados de pescadores marginados nunca han gozado de ningún tipo de planificación seria de su progreso, y que, allende las socorridas frases relativas a la dejadez y a la desidia estatal, lo que allá sucede depende de la incapacidad estructural de nuestro pueblo, líderes incluidos, de salir conjuntamente adelante. Mientras existan lugares como Tasajera, seguirá habiendo desgracias evitables.

La videograbación es aterradora. El camión transportador de combustible volcado al lado de la carretera, el hurto en masa del fatal líquido en recipientes coloridos, el regodeo de los que se acercan a robar aun a costa del peligro que intuyen subyacente, la inercia de los agentes de policía que se resignan a no hacer cosa en contra de una turbamulta; la explosión, las imágenes posteriores, los cuerpos calcinados, costillares al aire, de quienes hacía apenas minutos eran otras almas perdidas en este mundo de miseria, soledad, violencia y pandemia. Puro dolor. Falta que no hace que se nos eche en cara ahora que la vida cesa en un santiamén. Así, no acepto las recriminaciones idiotas de los sabios de Internet, especialmente cuando no están al tanto de las luchas diarias de la gente, porque no desean enterarse. Sí, es posible sabérselas todas si no se enfrenta la realidad cuan dura es, bajo el efecto frecuente de pueriles enajenamientos.

Al margen, creo que un Estado con un ordenamiento territorial que alienta el parto jurídico de municipalidades fácticamente inviables, socialmente inconvenientes excepto para concretar contrataciones estatales arregladas y movilizar votantes en época electoral, es el único en que pueden existir asentamientos humanos, por ejemplo, Tasajera, que nada envidiarían en insalubridad a muchos basureros. Solo aquí es tolerable, no el abandono (palabrita fácil que exculpa a los directos responsables de la podredumbre causante de todo esto), reitero, sino la existencia de ciudades que no existen. La respuesta a la imposibilidad de unos municipios no debe ser la insistencia en la creación de esos entes territoriales, lo que es igual a acabar el hambre por decreto; mejor sería construir políticas públicas de desarrollo en las que, digamos, se tenga en cuenta que abundan partes del país que viven a semejanza de la prehistoria.

En fin, el día que en Colombia sus tecnócratas dejen de pretender que trabajan en otras latitudes, y se ocupen, a pesar de los corruptos, en resolver los problemas concretos que sufre esta nación, después de estudiarlos bien, podremos aspirar a algo. ¿De qué vale la educación (quiero decir: la formación técnica) en desarrollismo si tal no está puesta al auxilio de los que de ello no saben? Ah, sí, acaso sirva como leña en la hoguera de las vanidades que, en vivo, sigue avanzando.


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