Urge una conversión ecológica gradual, pero radical… en la postpandemia

Columnas de Opinión
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Lo que caracteriza a nuestra cultura, afirma Luis Carlos Restrepo, es el monocultivo… y ¿qué es el monocultivo?... son hectáreas y hectáreas sembradas con una sola especie, y sucede que una de las actividades que contamina auténticamente el medio ambiente es el monocultivo… ¿por qué razón?... Porque el monocultivo viola una ley natural, porque el monocultivo viola una ley de los ecosistemas, y es que todo ecosistema se mantiene es por la diversidad.

En efecto, como el monocultivo hace referencia a la “explotación intensiva de una sola especie… y a cultivos a gran escala…que revelan su debilidad por carecer de la protección inmunológica que les brinda la variedad”, su protección artificial, con pesticidas y químicos, es la que finalmente contamina el medo ambiente.

Pero, tal como lo denomina Idrobo J.M., la llamada “contaminación por el monocultivo” también se ha extendido al mundo entero, en sistemas tan disímiles como la escuela, la familia, la fábrica, y a la esfera jurídica, particularmente en la forma uniforme de administración, organización y gobierno de los municipios, entre otros.

La pasión por el uniforme, el limitado esquema educativo viso-auditivo para alumnos con capacidades de aprendizaje diferentes, la homogenización del trabajador en la fábrica, y las mismas leyes aplicadas a municipios esencialmente distintos, configuran la visión uniforme y antiecológica que caracteriza a nuestra civilización.

Por lo tanto, urge una conversión ecológica gradual, pero radical, para restablecer el rumbo tal como lo afirma el sumo pontífice: “espero que este momento de peligro sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro”.

“…nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse”.

“Ha llegado… el momento de reflexionar sobre las actividades económicas y el trabajo. ¿Por qué reinvertir en combustibles fósiles, monocultivos y destrucción de la selva tropical, cuando sabemos que ello agrava nuestra crisis medioambiental? ¿Por qué retomar la industria armamentística, con su terrible desperdicio de recursos y su inútil destrucción?... ¿estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?

Solo de esta manera, corrigiendo el rumbo, hacia acciones colaborativas y de bien común, que preserven y promuevan la diversidad al interior de los ecosistemas humanos y físicos, podremos superar la responsabilidad social y ambiental de mínimos que hemos exhibido, con la cual se han generado las desigualdades e injusticias imperantes y se ha acelerado el dramático deterioro del planeta.


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