En defensa de Marta Lucía

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


En días pasado en el país se desató una gran tormenta política, porque Bernardo Ramírez, hermano de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez se volvió célebre luego que saliera a la luz pública una condena que cumplió por narcotráfico hace 23 años en los Estados Unidos.

Como la vicepresidente es conocida ante el mundo como una abanderada en la lucha contra el narcotráfico, el excandidato a la Presidencia de la República por el partido Colombia Humana pide su renuncia participando: “como segunda votación a la Presidencia de la República y como dirigente de la oposición al frente de los 8 millones de colombianos que quisieron cambiar al país, yo solicito la renuncia de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez.”

Entiende Petro que por el hecho de hacer cancelado 150.000 dólares para ayudar a su hermano, asumió una conducta reprochable que la lleva a descender hasta el fondo de la degradación social, amparado en ese criterio pide la renuncia de la vicepresidenta, como si fuese ella la protagonista del ilícito. Amparado en sus 8.000.000 de votos cree ser merecedor de censurar a una mandataria, que aparece como vocera de más de 10.000.000 de colombianos y fue vencedora entre más 19.500.000 sufragios que le dieron el título de vicepresidenta.

A pesar de ser Senador por más de una ocasión y alcalde de Bogotá, jamás ha deseado la armonía social, nunca ha anhelado el equilibrio del poder, lejos de residir en la oposición y engendrar trastornos a los gobernantes, se ha olvidado que como legislador tiene a su cargo el depósito de las leyes y la misión de hacer respetar y cumplir las providencias emanadas de la autoridad legítima para el bien estatal y la comodidad de los colombianos.

Amaestrado por la desgracia se ha olvidado de la filantropía y se ampara en la inviolabilidad de Senador para soltar tempestades sobre el mecanismo de las instituciones, estos reparos no son señales de entereza de ánimo ni es consecuente, ni se nota que no conserva interés patriótico en servir a la nación, sino que anhela verla sumida en el más alto grado de abatimiento.

Petro es proveniente de un grupo subversivo que quiso a todo trace maniatar la estabilidad nacional, en 1972 asesino al líder sindical José Raquel Mercado, tomó la Embajada de República Dominicana y el Palacio de Justicia. Con este repertorio de extravagancias inconsecuencias desea gobernar al país, si lo lograr, Colombia no será más que una cárcel de 1.200.000 kilómetros cuadrados y más de 50.000.000 millones de colombianos humillados por su subordinación. Tenemos como ejemplo la radiografía que nos muestra el régimen de Maduro.


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