La economía del postcoronavirus

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


El país está a punto de iniciar la etapa de postcuarentena, después de dos meses de confinamiento obligatorio, decretados con el fin de contener la propagación del Covid-19.
Ésta medida, considerada por la mayoría de expertos como la más efectiva para enfrentar la actual emergencia en ausencia de una vacuna para prevenir el virus, ha generado efectos adversos en los distintos sectores socioeconómicos. En el caso colombiano, la situación no ha sido ajena al contexto mundial, pese a que en el 2020 se pronosticaba la consolidación de la tendencia de crecimiento económico en el país, este cerró su primer trimestre con un crecimiento del 1,1%, “lo que representa una reducción de 180 puntos básicos frente al resultado del mismo periodo de 2019” (Dane).

Aunque el gobierno colombiano ha estado concentrado en superar la emergencia sanitaria, esto no lo ha alejado de su obligación de buscar para la era de los post-coronavirus, medidas macroeconómicas que permitan reactivar la economía en general. Estimular la demanda, es una de las metas a las que le apuestan las economías en el mundo, sin embargo, con el desplome de los mercados internacionales, uno de los pocos caminos que queda para este fin, es la aplicación de acciones que se enmarcan en la teoría Keynesiana: mayor intervención del Estado y la inyección masiva de liquidez en la economía.

En el caso colombiano, la implementación de las medidas del keynesianismo, se ha materializado en la política monetaria, mediante la reducción de la tasa de interés de referencia por parte del Banco de la República, esto con el fin de aliviar la carga financiera de los hogares y las empresas. Por su parte el Gobierno Nacional, en consonancia con esta visión económica, ha expandido su política fiscal, direccionándola hacia la financiación del sector salud como primera medida para enfrentar la emergencia sanitaria. Asímismo, ha buscado proveer de alivio a los sectores más vulnerables por la vía de subsidios directos a la población, subsidio en el pago (40 %) de los sueldos mínimos de trabajadores y la ampliación del calendario tributario para las empresas.

Estas medidas sin embargo no podrán sostenerse por mucho tiempo. Pese al endeudamiento, con la caída del ingreso nacional la capacidad del gasto público estará reducida y no habrá mucho para cubrir las inyecciones de capital que requerirá la economía en el corto y mediano plazo. Así las cosas, el Gobierno Nacional deberá idear un plan de inversiones en el que el sector privado tenga una mayor participación. Aunque las circunstancias en términos generales parezcan adversas en medio de la crisis, lo cierto es que hay capitales –nacionales e internacionales- a la espera y con la capacidad para participar en nuevos proyectos en alianza con el sector público.

En este sentido, y de acuerdo con la teoría keynesiana, no es de extrañar que la reactivación económica por la que apueste el Gobierno Nacional, se oriente hacia la inversión en infraestructura, esto con el doble propósito de mejorar las condiciones de sectores estratégicos y estimular la generación de empleo a través de este sector y su encadenamiento productivo.

La movilización de recursos de inversión sin embargo, va a darse en medio de una competencia entre regiones en la que, las entidades territoriales deberán hacer uso de sus capacidades de gestión técnica, mientras que dirigentes y sectores socio-productivos de su pulso político.

La pregunta es ¿Cómo se preparan la ciudad y la región para participar en esta competencia? ¿Existe una articulación estratégica entre los sectores empresariales, institucionales y políticos, para gestionar técnica y políticamente las apuestas locales? ¿Están definidas y concertadas dichas apuestas?

Estamos en mora de planificar el siguiente paso. De nosotros dependerá que ésta crisis sea una condena o una oportunidad.


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