Los gobiernos del espectáculo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


El Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, a través de su ensayo “La Civilización del Espectáculo”, describe cómo el dominio del entretenimiento sobre el esfuerzo intelectual de la sociedad, ha provocado “la banalización de la cultura”.
En este marco, el Nobel analiza además, las implicaciones de la superficialidad en el ámbito político, para lo cual concluye: En la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso tan pronunciada como la literatura, el cine y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades, modas y tics, ocupan casi enteramente el quehacer antes dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas. El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial al gesto y a la forma de sus presentaciones, que importan más que sus valores, convicciones y principios.

Estas reflexiones resultan apropiadas para comprender la conducta que ha prevalecido por parte de algunos gobernantes de la esfera local, nacional e internacional frente a la emergencia global que atravesamos. Estos, amparados en la crisis han buscado sin pudor, obtener beneficios políticos -y en muchos casos económicos- a partir de la gestión pública que deben desarrollar para controlar y mitigar los efectos de la pandemia.

En el caso colombiano, sobresale el bochornoso afán de protagonismo de mandatarios que, se empeñan en generar un ambiente competitivo en las relaciones de autoridad territorial, cuando lo que en este momento se requiere es: armonía y articulación. Producto de esta carrera por sobresalir se evidencian confrontaciones entre los distintos niveles de gobierno, así como, posibles abusos en el manejo administrativo de la Urgencia Manifiesta. Como consecuencia de esto último, los entes de control se han visto en la necesidad de adelantar con carácter prioritario, procesos de investigación por presuntas regularidades y potenciales hechos de corrupción en contratos realizados durante la pandemia de coronavirus. En estas investigaciones han resultado vinculados gobernantes locales y funcionarios de orden nacional.

Estas cuestionables conductas han sido complementadas con el show de los anuncios, selfies y discursos mesiánicos, en lo que los gobiernos del espectáculo son especialistas a la hora de sacar ventajas de la calamidad, en procura de su imagen y posicionamiento. Estos gobiernos, olvidan que administrar lo público es una responsabilidad que se asume a fin de atender las necesidades de personas de carne y hueso, y no para obtener aplausos, likes, porcentajes de favorabilidad y/o el cubrimiento de una prensa que se enriquece con la “fábrica” y el marketing de líderes políticos.

Enceguecidos por el cálculo de sus aspiraciones personales, estos gobernantes han disminuido el deber de tomar decisiones oportunas y pertinentes en función del bienestar general. Así mismo, han subestimado la capacidad de análisis y valoración de la ciudadanía con respecto a la eficacia de sus mandatarios para gestionar y generar las soluciones que de ellos se demanda. En medio de este exceso de confianza es probable que, en cualquier momento el espectáculo de estos gobiernos sea insuficiente para disimular el juego del hambre y la desesperación en que están atrapadas las comunidades. En el corto y largo plazo, ésta situación puede convertirse en el detonante del caos y la violencia en sus territorios.

Cuando una sociedad se enfrenta a un poder político que sobrepone lo superficial al fondo de sus responsabilidades de administración pública, es deber del ciudadano, líderes políticos y sociales, gremios y en general fuerzas vivas, utilizar los mecanismos y canales democráticos para lograr el entendimiento y el ejercicio del control político y administrativo frente a las acciones que van en contra del interés colectivo. Por el bien de todos, es hora de acabar el show y empezar con la acción.


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