No nos dejemos mojar de esta inundación

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


La nivel mundial las víctimas de covid-19 ya están sobre los 100.000 y los infectados supera los 2.500.000, no queda duda que este cuerpo microscópico tiene al planeta en cuidados intensivos. A pesar de los esfuerzos de los grandes de la ciencia médica, no se ha podido encontrar un antídoto que pueda sacar al planeta del cerco de amargura en que se encuentra.

Su crecimiento se presenta de manera indeclinable y de manera exponencial, su mortalidad es tan nociva que osa en lastimar la vida fiscal del planeta y su letal contagio impide vivir en sociedad.

Por la dolorosa escasez o impotencia de encontrar una vacuna que erradique su mortal y acelerada evolución, hoy el universo confronta un insuperada crisis en todos los campos. El gigantesco universo científico es apenas una pequeña escala para superar con urgencia la vasta monstruosidad de este “microscópico animal” que viene sin contemplación devorando a la humanidad. Nadie puede asegurar cuánto tiempo puede durar esta contienda, lo que sí podemos asegurar es que este virus hasta nuestra esperanza la ha convertido en terror.

Nos encontramos inundado y nos aconsejan que el mejor remedio que se puede aplicar es quedarse en casa, pero desgraciadamente nuestra habitual indisciplina nos obliga a la desobediencia, lo cual contribuye al crecimiento de la mortalidad.

En las grandes inundaciones, todas las especies animales, movidas por el instinto de conservación, toman sus precauciones y se preparan sagazmente para eludir el peligro que amenaza. Las grandes fieras ocupan los árboles de mayor altura, de igual manera las serpientes, las aves se alejan, los insectos perforan diligentemente maderos que habrán de frotar, los solípedos y los ganados buscan las altas montañas. ¿Acaso no sabemos que nos encontramos en estado de emergencia? Seamos previsores, apliquemos disciplina en contra de esta corriente arrolladora que nos conduce a la muerte busquemos, ante todo, alejarnos de las congregaciones, incluso de la unión familiar, es preciso en estos momentos demostrar que no somos carentes de disciplina ni de constancia de habilidad, es menester no dejarnos mojar de esta inundación mortífera ¡Sencillamente quedémonos bajo techo!

La mayoría de los colombianos no obedecemos esta norma, porque estimamos que, para quedarse largo tiempo en casa, es necesario ser un hombre de éxito financiero, cuando en verdad es que casi la totalidad de colombianos trabajamos sin alcanzar el éxito, los que viven de día a día, expresan que quedarse en casa es morir del hambre y justifican su salida alegando que, para ser víctima del hambre, es morir atropellado por el covid -19. El Estado no debe dejar erradicar el trabajo mientras la inundación nos azote, obligatoriamente debemos aplicar la disciplina de quedarnos en casa y salir de ella a realizar las necesidades más fundamentales.

Ya estamos casi llegando a las doscientas víctimas y sobrepasamos los tres mil cien infectados y según se nota la tendencia del virus es no detener su marcha agresiva, lo que nos indica sencillamente que la decisiones que se han tomado frente a esta gran tempestad, aún tienen patas de paloma y si no se llega a descubrir una vacuna en su contra, solo no queda rezar a Dios, para si quiera nos devuelva la esperanza.


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