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Escrito por:

Paloma Valencia Laserna

Paloma Valencia Laserna

Columna: Opinión

e-mail: palomasenadora@gmail.com



Algunas autoridades han querido plantear que hay un dilema en torno al cual debemos escoger: la salud o la economía. Nada más equivocado. Ambos son órganos fundamentales para el funcionamiento de la vida humana; el primero el corazón y el segundo los pulmones. Sin salud no hay vida, sin economía también hay muerte.

La cuarentena no soluciona el problema del Covid-19, simplemente nos da el tiempo para prepararnos mejor. Por una parte, se requiere infraestructura para atender los enfermos y mantener una baja tasa de mortalidad. Si el virus se propaga de manera descontrolada la mortalidad puede ser mucho mayor, pues muchos que podrían salvarse con atención médica perecerían en su ausencia. Hay que tener muchos más respiradores y camas para los enfermos. Mejores sistemas de aislamiento, y muchas más pruebas. Van a llegar al país más de 1.700 ventiladores y miles de pruebas rápidas para la detección del Covid. Miles de máscaras y equipos de protección para los médicos, están en producción en Colombia, así como diseños de respiradores. El sector privado está empezando a trabajar en estas nuevas empresas que necesitamos.

Al mismo tiempo, el mundo observa la carrera por obtener una vacuna. Una solución que permitiría la reactivación definitiva. En el intermedio, los modelos, como el de Alemania, pueden ser un camino; si cómo se espera, haber tenido la enfermedad hace inmune al contagio, esta inmunidad puede persistir en el tiempo.

A la vez que tomamos tiempo para prepararnos para la pandemia, se nos agota el aire en la economía. Empresarios desesperados con industrias paralizadas y cuantiosas cuentas por pagar: salarios de los empleados, cuentas de proveedores, impuestos; independientes cuyos ingresos se esfuman al detenerse su actividad; empleados que continúan percibiendo su salarios pero que ante la incertidumbre tratan de ahorrarlo todo, pues no saben hasta cuándo podrán tener trabajo.

El discurso populista de que los empresarios tienen que mantener los empleos y dejar de pensar en las ganancias es mentiroso y perverso. Es el funcionamiento de esas empresas la que genera la riqueza. Apagadas; no hay riqueza para nadie. Todos pierden.

La recesión económica no es resultado de la mezquindad de los ricos como lo pretenden los demagogos de nuestra patria. Es resultado de la economía paralizada. El complejo aparato productivo, de servicios, de circulación del dinero; una vez se detiene; tiene muchas dificultades en volver a funcionar.

Los mismos que propagan el odio de clases, hablan de que el consumismo y el capitalismo, llegarán a su fin con esta crisis. Nada más falso, la crisis, puede devolvernos a las precariedades de los mercados donde las consideraciones humanas, éticas, entran en vilo. La subsistencia es un sentimiento individual e instinto, y por eso, puede ser feroz.

Por eso, celebro las medidas económicas que está tomando el gobierno. Hay que mantener el empleo, y mantener a flote nuestros empresarios. Son el pulmón sin el cual nos ahogaríamos en la pobreza que también mata.
Sin embargo, la crisis no se detiene, y nuevas medidas se requerirán. Mantener el corazón latiendo y no dejar que falte el oxígeno a los pulmones, no será fácil. Más que nunca necesitamos la creatividad de los empresarios para que creen y produzcan los nuevos bienes y servicios que ahora nos hacen falta, de los independientes, para que resistan y en la medida de lo posible se reinventen, y de los funcionarios del gobierno para que diseñen e implementen políticas públicas arriesgadas y veloces. Estamos en buenas manos, el gobierno lo ha demostrado. Debemos continuar.


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