Encierro

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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Mientras el Gobierno, por un lado, se enfrenta a los gobernantes territoriales para asegurar la coordinación previa de las medidas tomadas en el orden local frente a la amenaza de contagio masivo del actual coronavirus, por el otro se asegura de que el armazón financiero se blinde ante sus inevitables perdidas de plata, las que aquel socializará desfinanciando las pensiones en los municipios y departamentos so pretexto de “mitigar la emergencia”.
De una parte, legalismo conveniente del Ejecutivo nacional de manera que no vea ninguneado por quienes actúan mejor y con mayor celeridad; de la otra, crasa viveza sembradora de desigualdad. ¿Qué más podía esperarse del presidente Iván Duque? Por lo demás, la crisis sanitaria es el pretexto perfecto: el miedo generalizado es silente justificativo de la actuación sin control social en ciertos temas. Al fin y al cabo, lo que a la gente importa a estas alturas es, fundamentalmente, garantizar su supervivencia.

Hay urgencias de qué ocuparse ahora, dirán algunos; la política, después, reforzarán otros. Opiniones preñadas de una increíble pereza mental ansiosa. En la misma línea, complementarán terceros escépticos: es muy difícil creer que el Gobierno esté más preocupado en favorecer a sus compadres electorales que por contener la avalancha del virus en un país que, igual que la mayoría del planeta, no dispone de los medios de encaramiento de las próximas miles de emergencias de vida o muerte. Sí, cuesta creerlo, aunque es la realidad: léanse los considerandos del decreto con fuerza de ley No. 444, del 21 de marzo de 2020, y se constatará que el “préstamo” desde las pensiones se hace de modo que “las fuentes de liquidez ordinarias de la Nación”, como los impuestos, y, claro, la “disponibilidad de recursos del Sistema [sic] Financiero [sic]”, no se afecten.

En otras palabras, el uso “viabilizado”, en tanto que “fuente de financiamiento”, que se hará de los dineros de hoy de los pensionados (y, eventualmente, de las vigencias correspondientes a los años 2020, 2021 y 2022), será para que, primero que todo, ningún banco sufra. Pobrecitos. En este punto, no faltará el que pregunte: ¿y cuál es el problema, si se trata apenas de un préstamo? Pues el inconveniente podría radicar en que los capitales “prestados” se devolverán una vez activadas las causales previstas en los artículos 48 y 55 de la ley 1530 de 2012, es decir, cuando logre demostrarse que los supuestos de hecho de finanzas públicas allí previstos se han cumplido; o sea: cuando el propio Gobierno, a cargo de quien está la administración del Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales, así lo establezca. Como dice una amiga: el chiste se cuenta solo.

Usando sin permiso otro refrán, ahora uno mexicano que me gusta mucho, y siguiendo la lógica descrita (que es la sabrosona de los nefastos rescates financieros), es posible afirmar que el Estado y los privados dueños de los bancos son “la misma gata pero revolcada”. El verdadero encierro, amigos, no es permanecer en casa, trabajando, esperando con templanza, haciendo lo que hay que hacer en este duro momento, sino estar presos de unos incompetentes que se las dan de vivos.


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