¿Santa Marta, que nos pasa?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


Barranquilla fue escogida como sede para la 61 Asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo-BID.
Esta ciudad, ha marcado un referente de desarrollo en los planos regional y nacional durante los últimos años, así lo expresó el presidente del BID, Luis Alberto Moreno: “Barranquilla es la Puerta de Oro, como siempre la hemos llamado, pero sobre todo creo que como ninguna exhibe lo que siempre queremos hacer aquí en el Banco y es demostrar cómo se puede hacer una gran transformación, un gran éxito de desarrollo económico y transformación urbana”.

Pero, ¿qué ha hecho Barranquilla para marcar la diferencia frente a otras ciudades? Después de haber sido presa del populismo y de las malas prácticas de los partidos de derecha e izquierda, ¿Cómo logró convertirse en un ejemplo de renovación socioeconómica, urbanística y ambiental? La respuesta a estos interrogantes no es simple, sin embargo, especialistas que han analizado su fenómeno, coinciden en señalar que, Barranquilla comenzó su proceso de reposicionamiento con la determinación de sus electores de escoger gobernantes con talantes diferentes de los acostumbrados oportunistas e irresponsables que, llegaban apalancándose en discursos de polarización social y/o el manoseo de las comunidades necesitadas, pero sin el respaldo de la experiencia de haber hecho parte de procesos de construcción de ciudad.

Con un nuevo estilo de política, liderado por grupos empresariales que entendieron que, la prosperidad económica privada dependía de la prosperidad social, se comenzó a trabajar por la generación de condiciones básicas para mejorar no solo la calidad de vida de los habitantes, sino para atraer la inversión directa en el territorio. Esta estrategia, ha dado como resultado que, Barranquilla se destaque por lograr la cifra más baja en desempleo en el país (8,4%, enero/2020), reducir (en casi 10 puntos) la incidencia de la pobreza monetaria, hoy del 21%; por debajo de la media nacional (27%) y algo similar en relación a la pobreza multidimensional 2,2% (Dane). Su déficit de vivienda está entre el 20% y 25%, mientras que en el nivel nacional está bordeando el 34%. La inversión extranjera en el 2019, creció un 62% frente a lo recibido -UDS 254 millones- en el 2018, (Procolombia). Esta inversión, corresponde a 12 proyectos que generan unos 1.500 nuevos empleos en el territorio. Todo lo anterior, sin contar con los avances obtenidos por su modelo de salud, reconocido como el mejor del país.

Estos logros en materia de desarrollo socioeconómico y competitividad, han sido producto del trabajo mancomunado entre los sectores públicos y privado, lo que ha servido, además, para el fortalecimiento de una relación de confianza entre los mismos.
“En resumen, una buena combinación de liderazgo, gobernanza y tecnocracia (se calcula que 30% de los funcionarios de la Alcaldía volvieron del exterior o del centro del país a trabajar en la ciudad), están impulsando Barranquilla a otro nivel” (https://www.dinero.com/edicionimpresa/caratula/articulo/barranquilla-y-cali-entre-las-mejores-ciudades-de-colombia/259807).

Las comparaciones son incómodas, sin embargo, es inevitable referenciar que después de 8 años, cuando los electores samarios decidieron optar por alternativas políticas diferentes, los resultados no corresponden a las promesas hechas en campaña. La pobreza monetaria y multidimensional en la ciudad, es del 33.7% y 6.2%, respectivamente. El déficit de vivienda, en 2019 fue del 73% (Camacol). En lo que respecta a la inversión extranjera directa en la ciudad, no fue posible obtener un reporte oficial, sin embargo, el índice de desempleo advierte que ésta no ha sido suficiente para dejar de ubicarnos como la de peor desempeño nacional (12.9%, enero/2020).

Es válido preguntarnos: ¿En qué estamos fallando como ciudad? ¿Estas deficientes condiciones son responsabilidad de los gobernantes locales, gremios, ciudadanía o electores? ¿Es eficiente la relación de los sectores público-privados de la ciudad? ¿Qué pasa con nuestras fuerzas vivas y el rol de los medios de comunicación?


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