El paro armado es el inicio de una nueva contienda

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


El 26 de septiembre del 2016 cuando se firmó el tan ansiado acuerdo de la paz entre el gobierno del presidente Santos y el grupo armado de Farc, los colombianos pensamos que se había sellado cincuenta años de terror y que cincuenta años de intentos fallidos en busca de la paz nacional, también llegaban a término final.

Debido a la fuerza que hoy demuestra el ELN, (Ejército de Liberación Nacional) nos pone a pensar que la paz aún se muestra muy remota, este cuerpo armado parece agrandar y alejar la posibilidad de paz que tanto añoramos y que urgentemente necesitamos.

A nuestras redes sociales nos ha llegado una advertencia de este grupo guerrillero, que a juzgar lo que se ha visto, leído y oído por las diferentes prensas nacionales y diferentes órganos de publicidad, resaltan en realidad plasmantes cifras no muy halagadoras que puedan garantizar al ciudadano colombiano una vida de armonía y de entera paz.
El conflicto amado se sigue sintiendo de manera paulatina y gradualmente en Colombia, con la sola la advertencia de este grupo armado, que según sus incondicionales miembros se debe acatar como norma estatal en el país, ya se nota la escasez de productos en los mercados y supermercados naciones, la vida fiscal debe entrar en deterioro por la insolvencia de las ventas, el campesino se sostiene penosamente, si no es que se encuentra en víspera de un total fracaso, lo difícil es calcular hoy qué tiempo durará todavía la contienda, lo que sí podemos asegurar es que cada día se nos está estrechado más y más el nudo entorno a nuestra garganta nacional. Sí la existencia es hoy angustiosa ¿cuál ha de ser el porvenir, sí ya es tan duro el presente?
Si el paro nacional que anuncia este grupo insurrecto lo realizan en forma recurrente, se limitarán las exportaciones por la clausura de tantos centros comerciales, la importaciones se verán afectadas por la extinción de crédito en el exterior y notaremos que se nos viene una parálisis total en el comercio, y lo más penoso es que se acrecienta el narcotráfico que a la vez funciona como forma de financiación para los grupos insurgentes en el país.

El país anhela vivamente una política franca y sana, sin tapujos ni encrucijadas; una política libre como la ruta de los aviadores, que batalle a la luz del sol desde las alturas para que el adversario esté siempre a combatir levantando los ojos dirigiendo sus tiros a lo alto.

Higienizar al país, debe ser la consigna de todo colombiano, de esta manera acabaremos con la guerra fratricida y cuando la lucha haya terminado recogeremos todas las “piedras” que llovieron sobre nuestras cabezas, almacenaremos las armas despedazadas en la refriega, para fundirlas y hacer con ellas un altar que cargaremos como holocausto, para consumir en él, nuestro rencores, nuestras venganzas y nuestra falta de amor a la patria, ha llegado la hora en que para nosotros sólo debe existir una Colombia grande y por ella debemos sacrificarnos todo en espíritu y en verdad.


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