Industria sin chimenea, una compostura que debemos asumir

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com
A finales de la década de los años cincuenta, el régimen que el dictador Francisco Franco instituyó el España comenzó a decaer, su “fortalecida” moneda conocida como la peseta española emprendía una depresión infrenable, la devaluación y su depresión se notaban a grandes escalas, la economía nacional emprendía una leve lesión que había de sostener con mesura, las constantes medidas que el régimen aplicó como estrategias para detener el aumento de precio y el crecimiento salarial, se mostraron enclenques y no encontraron un mecanismo que pudiera superar la crisis que el país debería superar.

El régimen de Franco exigía al extranjero miles de requisito para su presencia en España, pero debido a la devaluación de su moneda el turismo europeo y gran parte del mundo latino se volcaron a las costas de la península ibérica generando un volumen de divisas que entró a simplificar el estado de abatimiento en que se encontraba nuestra patria madre.

Franco decidió suspender las visas y abrirle las puertas a todo ciudadano que deseaba su presencia en España, con el “lema de no importa de qué bandera ni de qué patria procedan, todos serán bienvenidos”. Los grandes requisitos que deberían cumplirse para pisar tierra española fueron cambiados por una tarjeta de turismo que el interesado adquiría por poco valor en la misma expresa aérea que se encargaba de llevarlo. La tarjeta de turismo le garantizaba al extranjero la presencia por tres meses en tierra española, el interesado sólo debería demostrar que portaba para su gastos un mínimo de quinientos dólares.

Con esta medida un rio de viajeros y excursionistas orientaron su brújula hacia tierras españolas, hoteles, fondas, restaurantes y las playas españolas debieron de esforzarse para poder cumplir con los compromisos que exigía esa inmensa ola de excursionistas que a manera de diluvio invadieron el país de los reyes católicos.

En las diferentes ciudades españolas llegaban por los menos cien vuelos por semana que lograba recaudar unos 7.500.000 de dólares, más el valor de la tarjeta de turismo por cada usuario, la medida logró introducir un monto que superaba los 500.000.000 de dólares por año.

A esta cascada de turista y la divisa que le generó, Franco la llamó industria sin chimenea, porque realmente no es contaminante y su producción podía compararse con las industrias de mayor compatibilidad en cualquier mercado, pues, no solo genera divisas, sino que crean empleos, hacen conocer las diferentes artesanías de un país, saborean las habilidades culinarias y adquieren sus productos.

Hace poco en la televisión nacional el Ministro de Comercio y Turismo, José Manuel Restrepo manifestó que Santa Marta en esta temporada de turismo había crecido en un 40%. El porcentaje es asombroso, a pesar del doble asesinato de la pareja ambientalista en el parque Tayrona, la que dio motivo para que mucho cancelaran su estadía en la ciudad y otros por no correr la misma suerte, optaron por abstenerse y privarse de disfrutar el encanto de nuestros suelos.

Para que este turismo siga generando inquietudes de progreso en nuestra ciudad, es necesario incrementar la seguridad, prestar mejores servicios de transporte marino, mayor cuidado en el menú gastronómico, mostrar aseada las partes donde frecuenta el turista, fijar un precio no elevado en los productos, de esa manera contribuimos al progreso de nuestra ciudad e imitamos al pescador que lanza su carnada al océano para luego sacar el pescado.

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