Crisis del agua: una espiral negativa en Santa Marta

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Twitter: @veruzkaaaron


El absurdo que vive Santa Marta por cuenta de la crisis de abastecimiento del agua no tiene comparación, pues mientras las lluvias producen estragos en la ciudad, los samarios seguimos sin esperanzas de que haya una pronta solución a la escasez del suministro de agua para el consumo.
Esta situación de crisis tiene impactos estructurales y profundos en la economía, los cuales tímidamente se han abordado para su análisis en función del desarrollo de ciudad en el mediano y largo plazo.

Caso crítico de resaltar es el del sector de la construcción, donde el otorgamiento de licencias de urbanismo y construcción se ha visto paralizado, puesto que la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (ESSMAR) ha suspendido las certificaciones de disponibilidad del servicio de agua potable. Esto se refleja en la Estadística de Licencias de Construcción (ELIC) del Dane, la cual registra que el total anual del área de construcción aprobada en Santa Marta, tuvo una variación del (-73,3%) entre el mes de julio del año 2017 y el 2018, al pasar de 40.924 m2 a 10. 917 m2 respectivamente. El (-96,2%) de esa variación se produjo en el destino Vivienda, mientras que el (59,5%) en Otros destinos. En el mismo periodo analizado se observa, sin embargo, el comportamiento positivo de dicho sector en otras ciudades: Medellín (14.6%), Pereira (264,1%) e Ibagué (82,4%).

En Santa Marta ya se habla de una crisis de la construcción. Esto resulta grave para la ciudad, dado que la participación de dicho sector en el total de su población ocupada es del 9,4%, mientras que la participación sectorial del mismo en el PIB del Magdalena es del 8,2%. Estos indicadores explican cómo se relacionan los bajos resultados de dicho sector con el aumento del desempleo en la ciudad, el cual durante el trimestre móvil (mayo-julio) del año en curso, se trepó al 12,3% (DANE), considerado el peor desempeño entre las 23 ciudades del país analizadas, al aumentar su tasa de desempleo en 4,2 puntos. Esta misma correlación se presenta en el caso de Pereira, pero de manera positiva, ya que mientras la construcción crece de manera significativa, la ciudad se sitúa durante los últimos meses como la de menor desempleo en el país, con un 8,6%.

El desafío que implica hoy la escasez de agua se agudiza para los inversionistas del sector por la incertidumbre y falta de respuestas; en primer lugar, por parte del gobierno distrital, que no ha hecho más que divagar durante los últimos años en la búsqueda de soluciones, y en segundo lugar por parte de la ESSMAR, que no resuelve ni contesta las solicitudes de certificación de disponibilidad del servicio que demandan los constructores.

Mientras la solución del agua se mantenga en el limbo como hasta ahora, Santa Marta deberá prepararse para una espiral de problemas que la crisis del sector de la construcción detonará, pues con ella viene el desplome de la generación de empleo e ingresos de la población que depende de actividades asociadas a éste. Por otro lado, están los efectos colaterales que se producirían en el ámbito fiscal frente a la generación de recursos propios, y el impacto que esto tendría en la inversión pública. En ese mismo orden, se verían afectados sectores productivos como el comercio y el turismo, en cuyas dinámicas incide la capacidad de ingresos de la población local.

La escasez de agua es una problemática que demanda nuestro compromiso como sociedad civil para participar en la búsqueda de soluciones, ya que está en juego el desarrollo socioeconómico y sostenibilidad de nuestro territorio. En este sentido, el debate electoral es la oportunidad para que medios de comunicación, gremios, organizaciones, academia y sociedad civil en general, propongamos un espacio de discusión serio donde los candidatos expongan con rigurosidad sus propuestas para hacer frente a este y otros desafíos de ciudad. Esto permitirá disponer de información adecuada para la toma de decisiones.

No permitamos que el apasionamiento se imponga en nuestras decisiones electorales, Santa Marta requiere que asumamos nuestro rol como ciudadanos con madurez y responsabilidad política. Los próximos cuatros serán definitivos para salir a flote o profundizar la crisis.


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