Picasso y Ollanta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

e-mail: joselopezhurtado13@yahoo.es



Hace cinco años, a Ollanta Humala, le faltó tiempo, pero le sobró la imagen de un radicalismo populista que se alimentaba en Miraflores, lo que le desmereció la victoria frente a Alan García, que se levantaba de sus cenizas, de manera insospechada.

Por entonces, y fuimos testigos presenciales de ello, la provincia peruana, en la que se concentran los índices más altos de pobreza, no alcanzó a superar el voto de los centros urbanos, entre temeroso y desconfiado, que finalmente se alzó con la victoria.

La polarización no fue tan acentuada como la que acompañó al transcurso electoral de este año, porque nuevos elementos jugaron en el escenario, cuyo telón se bajó el pasado segundo domingo de junio.

De índole política,--al fin y al cabo en todas partes del mundo la política es un proceso siempre diferente--, que comprometía en forma severa el quehacer de reconstrucción institucional de Perú, por una parte, y de naturaleza económica, por otra.

La sombra aciaga de Fujimori, sin duda, inclinó la balanza hacia el remozado candidato ex militar, que como buen estratega decidió finalmente cambiar la defensa de los excesos de la Revolución Bolivariana, por el discurso moderado de Lulla.

También los fantasmas en pena de los 25 jóvenes de los barrios altos, y La Cantuta, asesinados por el régimen fujimorista, el grito desgarrador de más de 300.000 mujeres de escasos recursos económicos que fueron esterilizadas sin su consentimiento, el terrorífico recuerdo del temido escuadrón militar Colina del Ejército, el mismo autogolpe de 1992, jugaron un papel trascendental en la decisión final del fragmentado electorado peruano.

Se percibió como demasiado cercano el peligro de un gobierno en cuerpo ajeno con los mismos perfiles del de la década del 90, y muy latente el riesgo para el ejercicio del libre pensamiento de la academia y la universidad, el cual se hizo expreso en el célebre manifiesto de más de cien escritores e intelectuales, publicado días antes de la segunda vuelta.

En esta etapa, todavía frágil, de reconstrucción de la democracia, los peruanos no podían permitir que por el sólo hecho de ser estudiantes, los universitarios fueran estigmatizados como "terroristas", y que fueran asesinados o desaparecidos por conservar entre sus textos, libros sobre el cubismo,-esa renovadora técnica de pintura, en la que desaparece la perspectiva tradicional, y se abandonan los detalles y la sensación de profundidad para tratar las formas geométricas de la naturaleza a través de figuras geométricas, creadas por Pablo Picasso, a principios del siglo XIX-,por creer que se estaba haciendo apología al régimen de Cuba.

Eso pensaban los militares de Fujimori. Risible, cruel, pero absolutamente cierto y premonitorio de lo que podría volver a ocurrir.

Como fuere, corresponde ahora a Ollanta Humala alimentar la confianza del pueblo en el fortalecimiento de la democracia y abanderar el inusitado crecimiento económico que lo catapulta por estos días, a la condición de ser una de las economías más prósperas del planeta.

Los primeros anuncios sobre la composición de su gabinete, el de Álvaro Vargas Llosa, entre ellos, son promisorias señales de que, contrario a todo lo que dijeron sus detractores, está resuelto a demostrar que es el líder que el Perú necesita en este momento histórico. Ese noble pueblo, además, lo merece.



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