Superstición y cientificidad (1)

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Que tan cerca puede poner el hombre al infierno y al cielo en la Tierra. ¿A quién le gustaría vivir en una casa donde se ha cometido un atroz asesinato? O ponerse la ropa del asesino.

En cambio, ¿cuántos no compran en una subasta partes o prendas completas de quienes fueron en vida sus ídolos? ¿Acaso no es un fetiche creer que algunos objetos tienen poderes sobrenaturales? En la Edad Media las reliquias religiosas se vendían en las iglesias como vender tamales después de un derrumbe en una carretera. Los huesos, o los dientes, o pedazos de ropa de los santos eran especialmente apetecidos, así como cualquier cosa relacionada con Jesús.

Algunas personas creen (aunque sean falsificaciones) que estos objetos tienen alguna cualidad heredada del dueño o alguna esencia íntima que los hace irremplazables. Pero, por supuesto, esto no es cierto.

Cuando observo en televisión las diferentes series de caricaturas infantiles encuentro la cuota inicial para explicar el porqué la gente cree en la posibilidad de cosas sobrenaturales. En dichas series todas las cosas son movidas por fuerzas inexplicables que hacen que las bacterias, los animales, los vegetales y las piedras (o los números) razonen, caminen y alternen conversación con los seres humanos. Por eso desde pequeños se nos inculca la existencia de un mundo pletórico de fuerzas y mecanismos ocultos. También todas las religiones glorifican la existencia de entelequias que tienen poderes sobrenaturales.

Tenemos dioses, ángeles, arcángeles, demonios, fantasmas, brujas y espíritus que nos rondad a toda hora. Nadie está a salvo: ¿cuántos que sin ser religiosos viven hablando de la existencia de capacidades paranormales, poderes psíquicos, telepatía o cualquier otra cosa que desafíe las leyes naturales? ¿Qué decir de la existencia de la presunta "combustión interna" o de los timoratos seres extraterrestres? Quienes no rezan en las iglesias mantienen el periódico debajo el brazo para poder consultar en el momento más oportuno los designios del horóscopo.

¿Cuántos no "tocan madera" para evitar el mal o tienen un mismo número para comprar loterías o cargan una pata de conejo como llavero o se ponen la misma camisa cada vez que salen a buscar empleo? ¿Qué decir de nuestros futbolistas que cuando entran a la cancha ritualmente se persignan o cuando logran un gol miran hacia el cielo dando gracias al Señor? ¿Será por eso que la selección colombiana no hace goles?

Toda prueba de algo sobrenatural es siempre esquiva. Cuando intentamos seguir el rastro, de manera científica, a las "evidencias sobrenaturales" éstas desaparecen sin dejar indicio alguno. Por eso la mayoría de los investigadores serios no pierden el tiempo con estas pendejadas.

Sin embargo, la casi ninguna credibilidad científica no ha logrado hacer mella en lo que la gran mayoría de la gente piensa o cree. Incluso, algunos notables científicos son tan prejuiciados como cualquier vendedor de granero. Hasta en las universidades encontramos furibundos creyentes en cosas sobrenaturales así estén enseñando Física, Química, Biología, Filosofía del conocimiento, Antropología, etcétera.

Lo anterior lo único que demuestra es que todos somos susceptibles desde pequeños a tener creencias sobrenaturales que continúan en nuestros razonamientos cotidianos.

En cierto modo preferimos creer en lo que deseamos que sea cierto. Por eso las ciencias tienen una batalla por delante que no parece nada fácil de ganar. Aún quienes cuentan con una formación científica pueden seguir albergando nociones y explicaciones infantiles profundas que permanecen en la adultez. ¿Cómo podremos liberarnos de estas creencias a todas luces supersticiosas?



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