Irresponsabilidad global

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Transcurre el año 2050. El calor es agobiante, y el aire nauseabundo por la irrespirable contaminación y el apestoso olor de cadáveres insepultos de humanos y animales dispersos en el árido paisaje. La pesca marina escasea y está altamente contaminada por carbón y mercurio; además, los impetuosos oleajes impiden conseguirla.
De los antiguos bosques tropicales sólo quedan los esqueletos de árboles antes frondosos; los vientos huracanados asuelan los mustios cultivos que, soportando altas temperaturas, aún permanecen vivos. El hambre azota a las poblaciones y las pestes la han diezmado en demasía. Muchas poblaciones costeras han desaparecido por el aumento del nivel del mar y, en las zonas subtropicales, los aguaceros derrumban montañas y poblaciones. Groenlandia, deshielada, registra temperaturas cálidas. Tifones y huracanes son cada vez más intensos y arrasadores. Mientras tanto, varios países han militarizado sus fronteras para atajar la llegada masiva de refugiados procedentes de zonas invivibles. La escasa agua potable es ahora un valioso tesoro fuertemente custodiado.

Este mundo distópico y apocalíptico aparentemente ficticio está más próximo a la futura realidad de lo que pueda creerse, según lo plantea en una reciente publicación científica el climatólogo James Hansen, director del Goddard Institute de los Estados Unidos. Un aparentemente insignificante aumento en la temperatura global de 2 a 3 grados Celsius cambiará por completo a nuestro planeta. Sobrepasado el punto de no retorno, los acelerados deshielos de los casquetes polares aumentarán el nivel de las aguas oceánicas en casi un metro; muchas islas y ciudades costeras serán engullidas por los océanos, y el cambio climático será devastador. No podremos evitarlo.

El irresponsable retiro de Estados Unidos, Siria y Nicaragua del Pacto de París  constituye el desafío más inquietante de estos tiempos. Estados Unidos es el segundo país más contaminante, después de la China. Para el irresponsable Trump nada valen los conceptos de expertos científicos ni las agobiantes secuelas del calentamiento global. Barak Obama había ofrecido reducir en 20 años entre 26 y 28% las emisiones de CO2 producidas por los Estados Unidos partiendo del año 2005. Paradójicamente, el escéptico del cambio climático, Scott Pruitt, dirige la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de USA. Acérrimo defensor de grandes empresas contaminantes, es considerado por los ambientalistas un “Trojan Horse”. Catorce órdenes ejecutivas emitidas por Trump antecedieron el abandono del Pacto: un suicidio colectivo tras la sentencia de muerte al planeta. Y, todo por la plata.

John F Kennedy dijo alguna vez: “Quien resuelva los problemas del agua merece dos Premios Nobel: uno por la paz y otro por la ciencia”. La guerra por el agua ya existe, y hoy más de mil millones de personas no tienen acceso a ella: las consecuencias son catastróficas. En Asia y África se libran conflictos por el agua, situación que muy pronto será inmanejable y de mayores proporciones debido a la irracionalidad de Trump. El control del vital fluido es objetivo prioritario del Club Bilderberg, según denuncia Daniel Estulin.

¿Qué viene ahora? Renegociar el acuerdo en términos similares es casi imposible, según los expertos. Importantes países firmantes lo descartan. Pero pensadores como Brian Dees, antiguo alto consejero de Barack Obama, consideran que, a pesar del retiro de Estados Unidos, la lucha contra el cambio climático y la popularización de energías limpias no se detendrán. Incluso, las industrias estadounidenses de energías fósiles (petróleo, gas y carbón) continúan apoyando el Pacto de París. Muchas de ellas han invertido enormes sumas de dinero en alternativas limpias. “Hay que cuidar el negocio”, dicen sus voceros. Tesla deja de asesorar a la Casa Blanca en temas energéticos después del anuncio de Trump. Emmnuel Macron, el presidente francés, invitó a científicos, emprendedores y ciudadanos a proteger el planeta, indicando que en ningún caso renegociará un acuerdo menos ambicioso. En el clima no hay “Plan B” porque no hay un “Planeta B”, dijo.

El mundo no está solo ante esta nueva estupidez de Trump, surgida en la comodidad de oficinas climatizadas y apoyada por asesores miserables. Exceptuando a unos pocos interesados, el mundo entero rechaza semejante monstruosidad. El cambio climático es real, y la irresponsabilidad ambiental juega en contra del planeta. Corresponde proteger lo poco que va quedando de él. Hay que empezar atajando los intereses egoístas de tanto codicioso regado por el mundo vendiendo humo, literalmente. ¿Tendremos tiempo?

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