El “corre corre” del servicio público urbano sin control

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com



La muerte de un adulto mayor, samario, donde están involucrados dos conductores de busetas del servicio público urbano, dieron la alerta temprana y fue la gota que desbordó la copa; reaccionando la ciudadanía solidariamente para que se ajuste a la normatividad y al manejo adecuado de la movilidad a este servicio rodante. Este hecho fatal muestra otra dimensión; también alteró a la ciudadanía y medios de comunicación, los cuales reprocharon este caso trágico para que no vuelva a suceder, pero lamentablemente se repite, porque no se toman a tiempo los correctivos por las autoridades competentes.


La conducta reiterada de muchos conductores de busetas, no todos, de infringir el código de tránsito y normas mínimas de respeto al usuario es notoria. La velocidad excesiva en ruedas, mata y no lo tenemos en cuenta; a este factor le adicionamos otros que muestran que la falta de pericia, destreza, experiencia en el manejo de estos automotores acompaña a muchos conductores. Me tomé la tarea de averiguar más sobre esta situación, precisamente en la calle y las respuestas que encontré por parte de los usuarios es que quienes manejan estas busetas grandes son: “unos muchachos arrebatados” que no tienen estudio, indecentes, vehementes, que al interior del vehículo irrespetan al usuario y que van con cierta música degradante a altos decibeles, sonido insoportable; una cosa es la cultura nuestra del Caribe y otra el desorden lo que produce problemas auditivos. Otros dicen que pareciera que fueran en un ataúd, casi preparados para un accidente, incluso la muerte; además no se les puede hacer ninguna recomendación a estos intrépidos volantes, porque contestan con dos piedras. No es raro observar bafles de gran tamaño al interior de las busetas propiciando sonidos estridentes.

El problema es crítico y se agudiza más, empeorando la situación. ¿Lo creen así ustedes? Es el momento de tomar decisiones, control con autoridad de manera efectiva y oportuna en el marco de la normatividad, sin esperar que se vuelvan a repetir estos hechos lamentables.

Si pensamos dos veces sobre este corre corre, concluimos que no existe control policivo previo o de la autoridad que le corresponda; estos aparecen y de manera tardía cuando ha ocurrido el accidente o para efectuar el levantamiento del cadáver.

Cabe preguntar ¿Cuál es la función de la autoridad policiva de tránsito vehicular en esta situación? Se escuchan declaraciones de funcionarios que les compete regular la movilidad vehicular, afirmar que van a tomar medidas ¿Medidas en dónde? Cabe preguntar nuevamente si no las han tomado, en dónde y cuándo las van aplicar, lo que sí es cierto es que es incoherente esta expresión de parte de estos servidores públicos.

Este tipo de funcionarios, a los cuales no les acompañan ni conocimiento ni autoridad, son nombrados para cumplir cuotas burocráticas, no deberían ocuparse en estos cargos. La ciudad requiere expertos conocedores de su función, que destraben el tráfico vehicular que atranca la movilidad e irrita a otros conductores de automotores. No se necesita experimentar con la ciudad, tampoco decir que se van a diseñar estudios sobre el problema; un problema que está creciendo, hay que reconocerlo; se requiere actuar y no dejar pasar más tiempo.

Se deben abrir espacios para que la ciudadanía que utiliza este servicio se pronuncie entregando sus observaciones y anomalías mediante buzones ubicados en lugares estratégicos, para que sean recogidas por las autoridades pertinentes y tomen los correctivos oportunamente.

El motivo que nos ocupa al abordar este tema no es otro que el de mejorar el panorama vehicular del servicio urbano con respeto, calidad, seguridad y modernidad.


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