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Publicidad engañosa de paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Paloma Valencia Laserna

Paloma Valencia Laserna

Columna: Opinión

e-mail: palomasenadora@gmail.com



Nos anuncian en fin de la guerra. Semejante anuncio debería ilusionarnos; sin embargo, hay una distancia entre la publicidad engañosa y las realidades del producto. El marketing, los eslóganes, la música y las imágenes bien organizadas son capaces de vender un producto que para nada cumple las expectativas de lo prometido, pero eso no lo sabe el cliente sino hasta que ya ha gastado su dinero. Eso está pasando con la paz; nos la anuncian y muchos sienten atraídos. Y con razón, la paz como ideal parece atractiva, promisoria, deseable.


No obstante, aquello es un anuncio. Cuando se desmenuza el contenido la promesa de la paz se desdibuja. ¿La impunidad de los criminales garantiza o permite avanzar hacia la paz? ¿Tener criminales de lesa humanidad en la política le ayuda a Colombia a recomponer su tejido social? ¿Los dineros de las Farc producto del secuestro, narcotráfico, extorsión y minería ilegal usados en politiquería nos permiten avanzar en la consolidación de mejores instituciones?

Nadie tiene las respuestas definitivas para estos interrogantes. Se trata de asuntos políticos y no de una ciencia exacta, así que quienes aseguran la felicidad al final de la receta, mienten. Hay sin embargo, experiencias en otros países, en nuestra propia Colombia que nos permiten aventurar que las respuestas a esas preguntas no serán positivas. Las experiencias del Salvador que optó también por la salida fácil de la impunidad y premio a los violentos, deja ver que los resultados fueron desastrosos. Tendremos que repetir que tiene uno de los índices de homicidios y desplazamiento más altos del mundo, que las Maras reclutan los niños desde los 12 años y tiene en jaque al Estado, sin discurso político. En Colombia nos ofrecieron también la paz en los años 80, y culminó con la Constitución de 1991 que era el inicio de la paz, eso dijeron. Vinieron los sangrientos años 90, la violencia más cruenta de los últimos tiempos.

No sabemos cómo será el futuro, pero las experiencias permiten prever que no será bueno. Todos los criminales del país se sentirán envalentonados y buscarán arreciar su violencia para obtener los mismos premios que las Farc. Y los terroristas de las Farc ahora de everfit pretenderán imponer su doctrina, ojalá sin armas de fuego (aunque no descartó la combinación de formas de lucha), con el arma del tribunal de paz, perseguirán a los ciudadanos. La lista de los 12 mil colombianos que según Santos tendrán que ir a rendir cuentas al tribunal de las Farc será la cuota inicial de la doblegación moral del país.

Ojalá pudiéramos alegrarnos como algunos, y creer que llega la paz; pero no podemos. La política exige un principio de realidad que debería impedirnos acogernos a la efectividad de ofrecer soluciones simples para problemas complejos. Colombia más que nunca exige sensatez de sus ciudadanos, la paz es el resultado de la consolidación de instituciones, la primera de las cuales es la ley. Debilitar la ley, dar impunidad y premio a los violentos es un mensaje que destruye la posibilidad de un futuro de pacífica convivencia.