El campesino bajo el estigma social

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

Soportados, sustentados y basados en una contextualización coherente y consecuente en el marco incluyente de la participación y la pluralidad propia de cohesión social, tenemos que afirmar que en el momento el hombre del campo está olvidado y poco recompensado; no obstante, que el rol de su función está bajo una visión que potencia el desarrollo de cualquier país.

El campesino es el labriego que con sus manos callosas y su piel curtida por el fuerte sol que arrecia sobre sus espaldas es el protagonista principal del sustento de la sociedad. El campesino es el ser capaz de coquetear y enamorar a la tierra, preñarla y hacerla parir frutos por montón, un verdadero terrícola; es el labriego del campo, marginado, desposeído y olvidado a quien el Estado no le hace presencia con obras que materialicen en ejecutoria de gran trayectoria como carreteras, colegios, hospitales, parques y demás insumos e implementos que fortalezcan su calidad de vida. Para ello se requiere un trabajo conjunto y de acompañamiento público y privado que ponga el aparato estatal para el progreso del campo, que lo hagan más atractivo, más rentable para el amante de la tierra: el campesino; tarea urgente, pendiente, de lo contrario el éxodo del campesinado a las grandes urbes cada día será mayor para engrosar los muros rígidos que conforman el entorno de la miseria; constituyéndose en un estigma social; puesto que pareciere que el campesino vale menos que el hombre de la ciudad. Cabe preguntar ¿Por qué los campesinos abandonan el campo? Para responder, cabe decir que el campo carece de vías de acceso, médicos, buenos docentes, aclarando que en algunos sitios no hay plazas educativas: muchos y en algunas áreas se rehúsan a brindar sus servicios que deben cumplir, ya que las vías son caminos de herradura que imposibilitan sacar sus productos a los centros de consumo. En otras palabras, el campo vislumbra la impronta de gestiones precarias, desafortunadamente allí está todo por hacer; tal vez esta sea la razón que los hijos de los campesinos que tienen el privilegio de capacitarse en la ciudad no regresen a sus lugares de origen. ¿Por qué? Si la situación socioeconómica de sus terruños es aberrante, grave y preocupante y el Estado que tiene la obligación por norma constitucional de gestar expectativas de progreso; es el Ejecutivo quien debe impulsar un cambio referenciado en obras de inversión social representadas en salud, educación, saneamiento básico ambiental, cambio que rompa la brecha histórica.

Cuando hablamos de campesinos, involucramos al pescador que vive fuera de la urbe, que acciona en mares, ríos y ciénagas; abnegados pescadores que con su remo en mano impulsan sus canoas al vaivén de las olas rumbo a la complejidad de los pocos recursos que aún le brinda la biodiversidad. Destacamos también a los humildes cazadores artesanales que se someten a extensas jornadas en sierras y montañas. Cabe preguntar ¿Qué necesita el campesino? Al campesinado hay que generarle instrumentos que propicien mejorar sus actuales condiciones de vida. Por ello es fundamental una alternativa viable que permita la implementación de un nuevo modelo, se necesita democratizar el bienestar del campesino; articular iniciativas con oferta sectorial que les permita enraizarse cada día más a su tierra. Por esas grandes batallas que contra viento y marea vive el campesino colombiano, además de los cambios climáticos a los que tiene que afrontar, pero que no desmaya, que persiste, les invitamos a continuar en esa digna, necesaria y valiosa labor de poner a la tierra a parir frutos. Feliz día del campesino.

Más Noticias de esta sección

Publicidad