La protección de la señorita Carmen

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

A diario aprendo más por lo sucedido a mí alrededor con las personas, animales, cosas y la naturaleza a la que no queremos entender ni respetar. Acontecimiento muy sui generis, que no quiero quede inadvertido o en el olvido. Vivencia real, espectacular, no había experimentado algo así, que quiero compartir con todos mis lectores a través de este medio periodístico. ¿Mucho preámbulo? De veras les va a impresionar. ¿Expectantes?
Quiero que se mantengan así, lean todo el escrito y aprendamos de esta lección. Aconteció en Popayán, la ciudad blanca, barrio Santa Mónica al ir a saludar a la gran familia miraista, mi familia; luego de 36 años volví a encontrarme con la señorita Carmen, con un estrecho y fuerte abrazo me recibió: Jovencito que gusto volver a verlo, Jairito tendrá mucho que contarme; en el preciso instante que abrazaba a la señorita Carmen, oí claramente y varias veces que decían: no le vas a pegar; asombrado le pregunté y me respondió: son mis loros. Efectivamente observé a una pareja de loros, bastante furiosos, erguidas sus crestas, con ojos desorbitados que querían abalanzarse contra mí, respondió la señorita Carmen: son mis loros los que hablaron, ellos son mis protectores, mis vigilantes; me dio a entender que la protegen más que su EPS; la señorita Carmen se dirigió a sus los loros y les dijo: ya cálmense, Jairito es un amigo mío; me tocó dejar de abrazarla para que cesaran tanta bullaranga y así se calmaron.

Cualquier persona pensante dirá ¿Qué es esto?, no puedo creerlo; créalo o no, la expresión y la actitud de la pareja de loros nos indica a las claras que existe una correspondencia de las partes; pues aquí se observa un entendimiento, un sentimiento amplio compartido; proceso este que genera instrumentos y habilita espacios para analistas, psicólogos, académicos y en general a quienes debaten temas relacionados con la capacidad cognoscitiva de los animales. Siguiendo la secuencia de la pareja de loros, hubo un momento en que la señorita Carmen ante la exclamación de los loros: no le vas a pegar, ella corroboró: son mi protección, los quiero y los entiendo y ellos a mí también; no me casé, no necesito un hombre que me cuide; los existentes muchos se han vuelto machistas y pegadores a sus mujeres y mirándome expresó no es su caso, sé que ha escrito sobre no a la violencia contra la mujer. Con la expresión en referencia queda manifestada la validez de las controvertidas opiniones si los animales tienen o no entendimiento. ¿Qué opina usted?; se estructuran y confeccionan mecanismos con relación a esa mínima o máxima relación interactiva con los animales. Los animales poseen unos mecanismos inhibitorios que no tiene el ser humano y que les permite atacar hasta cierto punto, lo que no sucede con el hombre que ataca, destruye arriesgando su vida hasta perderla. Este es un fenómeno que evidencia la necesidad de cultivar una cultura de respeto y potenciarla como plataforma de nuevos saberes. Los animales sienten, perciben, manifiestan temor, alegría, agresividad cuando nos ven y notan nuestra ausencia y lo más importante, muestran cordialidad y protección para sus amos. Por ello alguien dijo: el mejor amigo del hombre es el perro y a propósito de perros, en esa misma ciudad, barrio La Esmeralda al saludar efusivamente a otro amigo, su perro me atacó rasgándome la chaqueta, creyendo que iba a agredir a su amo. Quien quiera experimentar esto, viaje a Popayán y trate de abrazar a la señorita Carmen. A ella le deseo continúe con esa maravillosa, natural y particular protección por mucho tiempo muy a pesar de sus 82 años; son sus loros una alerta temprana para no más violencia contra la mujer.
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