Día internacional del trabajo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

Al conmemorarse mañana primero de mayo, otra fecha más, alusiva al día internacional del trabajo, las organizaciones comunitarias, sindicatos, ONG y demás estamentos de la sociedad han coordinado un programa especial cuyo objetivo debe ser reivindicar el derecho de los trabajadores, exigir el cumplimiento de la normatividad laboral colombiana y otras propuestas de capital trascendencia enmarcadas en cuatro ejes fundamentales a saber: salud, educación, economía informal y justicia equilibrada. En la capital del Magdalena, la marcha tendrá un recorrido por las principales arterias de la ciudad; el punto de encuentro es el Hospital Fernando Troconis, a partir de las ocho de la mañana, finalizando en las afueras de la Marina Internacional.


Esta fecha debe tener como referente el ejercicio de un deber democrático, una proclama objetiva a la que tiene derecho el ciudadano, pero encausada bajo los principios del orden y de la legalidad; no hay que olvidar que las marchas son el símbolo de la protesta, que tienen un respaldo constitucional; pero no quiere decir ello, que el colectivo o los manifestantes tengan derecho a alterar el orden público, crear caos y degradar el orden social; todo lo contrario, dentro del imaginario colectivo de los organizadores y marchantes deben priorizarse los principios éticos que permitan que las expresiones sean coherentes, transparentes, de impacto y de beneficio social.


Esta marcha a diferencia de otras debe ser un ejemplo que se enmarque dentro de una estructura de organización social, seria, contundente, que quede plasmada en la memoria del colectivo social como algo especial, que incorpore criterios de valoración en torno a la dignificación del trabajador.


Bajo estas circunstancias la ciudadanía está llamada a articular voluntades que le ayuden al despertar de conciencias y no seguir anclados al torniquete de la repetición.


Es imperativo recordar que en el siglo XIX los trabajadores a nivel universal estaban sometidos a extenuantes jornadas laborales sin control; pero por fortuna en 1886, se logra una conquista de repercusión internacional para ellos, a quienes se les asigna una jornada de ocho horas diarias, además del mejoramiento de la seguridad social. Todos estos logros soportados en la OIT: Organización Internacional del Trabajo, como máxima rectora en el andamiaje organizacional de la estructura laboral y a la que tienen que acogerse por normatividad jurídica y legal los estados constituidos en el seno de la ONU.


Muy a pesar de las conquistas logradas, aún es mucho lo que hay que alcanzar; ha sido favorable en el marco de elecciones a corporaciones públicas el valor que representa la condición de géneros, así mismo, la igualdad de remuneración laboral en los dos géneros, aunque se esquive su cumplimiento por parte del empleador. Son muchas las ventajas que se han logrado por parte de la organización sindical en Colombia; sin embargo, es menester inyectar nuevos cambios que incluyan participación activa, especialmente a los jóvenes, donde está la potencialidad del talento.

Otra recomendación que debe enfocarse dentro del ámbito de un análisis crítico, lo constituye la actuación de la mujer, como protagonista esencial; se hace salvedad que se han logrado avances importantes, pero la mujer sigue siendo rezagada y sometida a conductas degradantes como el acoso sexual y laboral, factores que se vienen minimizando gracias a la oportuna intervención de la crítica y la oposición.


¿Qué ganan los trabajadores con marchar? Muchas cosas, entre ellas crear expectativas e involucrar la participación del ciudadano del común, a través de un proceso de concientización que le permitan abrir sus ojos y darse cuenta que las cosas no marchan tan bien y que aún hay mucho por hacer.

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