Barras bravas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

¿Hace cuánto no va usted a un estadio? Si no asiste, entiendo sus razones. Los violentos antisociales disfrazados de hinchas han alejado a los amantes del futbol.

Después, la pobre reacción policiva y judicial, además de la inexistencia de políticas y acciones sociales orientadas a la integración de esas personas apartadas de la sociedad por diversos motivos –marginales, desempleados, drogadictos, etc.- que encuentran desahogo en esos peligrosos colectivos denominados “barras bravas”. El detonante de tan peligroso coctel es la actitud complaciente y cómplice de ciertos directivos del fútbol, quienes además fomentan ese fenómeno tan oscuro.

Hay lugares comunes que explican el comportamiento de los “barras bravas”: el individuo siempre demuestra un trasfondo sicológico de frustración y baja autoestima; la pertenencia a una “barra brava” y el consecuente consumo de drogas y violencia, le permite nivelarse buscando estatus dentro de su combo y ante los rivales. El grupo, a su vez, mediante la violencia determina límites territoriales. El tercer punto es el colectivo de barras. Juega la teoría del enemigo común: quien no es mi amigo, se convierte en mi enemigo; pero también, el enemigo de mi enemigo, se convierte en mi amigo. Las alianzas de grupo buscan superioridad numérica frente al rival, lo que implica violencia desbordada contra el enemigo. El conflicto es la norma, y al final de cuentas, el partido de fútbol es el detonante, y el estadio, un campo de batalla. La violencia de las barras es el desfogue de sectores sociales que se sienten oprimidos y apartados, al decir de muchos estudiosos del tema. Con alarmante frecuencia, las medidas implementadas para frenar el desborde violento de las barras termina en agresión contra la autoridad, despertada por la simple presencia del enemigo común a todos ellos: los agentes de seguridad. De ahí, que la coerción fracasa consistentemente.

¿Cómo contener a las barras bravas? Es menester profundizar en el estudio de las “barras bravas”, entender su dinámica, sus fuentes de financiación y, claro, mirar hacia Inglaterra y Holanda como promotores de soluciones efectivas. Una película interesante que muestra el problema por dentro es “Green Street Hoolignas”, basada en las barras bravas del West Ham londinense. En muchos casos, las barras se han convertido en verdaderas mafias, cuyos negocios ilegales intervienen en el fútbol, otros deportes y en la sociedad: asesinatos selectivos, secuestros, tráfico de estupefacientes, extorsión y otras perlas completan ese largo collar delictivo. Métale usted ahora el venenoso extremismo político, que atiza la candente caldera; sume drogadicción, desempleo y frustración social, con un resultado final de violencia y delincuencia visible en cualquier lugar, situaciones más frecuentes en espacios marginales, del primero y del tercer mundo, en el norte y en el sur, de cualquier parte.

Pues bien, la solución se encuentra en una combinación de autoridad, justicia y acción social. La violencia desatada por los “hooligans” ingleses en el campeonato mundial de España en 1982, en Bruselas, 1985, durante el partido Liverpool-Juventus -39 muertos-, y en la tragedia de Hillsborough –partido en Sheffield, Liverpool Vs. Notingham Forest, con 96 muertos-,obligó a Margaret Thatcher, “la dama de hierro” a considerar ese problema más social que futbolístico. La persecución a los hooligans fue implacable, con participaron de la Policía británica, los mismos clubes afectados, el comercio, la sociedad misma, además de un paquete de medidas tan duro, que el fenómeno es ahora marginal. Presencia policial, cámaras de seguridad en los estadios, veto de por vida de ingreso a los estadios a los líderes de las barras y judicialización a personajes violentos involucrados en uso de armas, drogas y alcohol permitieron el regreso de las familias a los estadios.

Lucho Garzón, el exalcalde bogotano, involucró a los equipos capitalinos, empresas, distrito y barras en un proyecto que le bajó a la violencia, pero no la erradicó, y que posteriormente fue abandonado. Ahora, después de los recientes hechos, corresponde retomar el asunto, con duras medidas policivas y judiciales, dura normatividad y ejercicio de la autoridad, además implementación de cámaras de seguridad de alta definición y detección de rostros, detectores de metales en las entradas, carnetización de barras, control a la venta de boletas, asientos numerados y un sinfín de medidas. Pero el fondo de todo, es el tema social, que mientras permanezca insoluto, seguirá de generador de violencia de toda naturaleza.

 

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