Johan Cruyff, un visionario

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Detrás del estilo ganador del Barça hay un nombre imborrable: Johan Cruyff. El capitán del Ajax holandés, arrasador en Europa, era un elegante armador con repentinos cambios de ritmo, fútbol práctico, visión estratégica del juego y definidor implacable. “El Flaco” infundía autoridad entre sus compañeros y respeto en los contrarios. Fue ese líder que entiende y transmite el pensamiento del entrenador, y que con el balón dirige impecablemente a sus compañeros. Trascendió categóricamente desde un modesto equipo de una liga menor y una selección hasta entonces insignificante.


Era el cerebro de aquella “naranja mecánica” de Rinus Michels que revolucionó el fútbol desde los años 70, y que cerró definitivamente la etapa del anticuado juego de posiciones fijas, basado principalmente en la técnica. Ese “fútbol total” era un explosivo cóctel táctico de posesión permanente del balón para defender y atacar, presión zonal, rápida rotación de posiciones manteniendo siempre la figura táctica, y veloz ataque sorpresa; un sistema que requiere de mucho trabajo y jugadores bien preparados física y técnicamente, cultura estratégica y táctica, y repartición de esfuerzos para desgastar al rival y demolerlo sin misericordia.
El campeonato mundial del 74, su única participación ecuménica, le convirtió en mito, situándose en el “top five” histórico, a pesar de perder la final ante Alemania, el anfitrión. En adelante, el mundo cambiaría la forma de entender y jugar al fútbol, tanto que Menotti obtiene el título mundial de 1978, precisamente ante Holanda, aplicando muchos de sus conceptos técnicos. Cruyff no acudió a ese mundial, en parte por su rechazo a la dictadura militar –por ello, varios jugadores renunciaron a la “orange”-, en parte por la férrea disciplina de las concentraciones, y en parte por el intento de secuestro que sufrió en Barcelona en 1977.
Real Madrid, en puja con los blaugrana, quería ficharle sin su consentimiento; al enterarse, el jugador decide ir al equipo catalán, sumido en las profundidades de la tabla. Con la impronta de Cruyff, el Barça logra el título liguero de ese año. Pronto, el equipo se consolida entre los grandes europeos. Cinco años después, el jugador pasa al fútbol gringo por sus insalvables diferencias con los directivos catalanes. Tras un breve paso por España y corto retorno a los Estados Unidos, vuelve a Holanda donde, a la edad de los exfutbolistas, conseguiría 3 títulos más. Tenía 38 años cuando colgó los guayos: brillante cierre de carrera. Solo Messi, con 5, tiene más balones de oro que Cruyff, quien acumuló 3, los mismos de Cristiano Ronaldo, Marco Van Basten y Michel Platini.
Su carrera de director técnico es tan valiosa como la de jugador. Su claridad conceptual en el fútbol llega al banquillo: en 1984, como director deportivo del Ajax, modifica toda su estructura, orientada ahora al juego ofensivo y atención a la cantera; el equipo se vuelve ganador. Cruyff pasa al Barcelona en 1988, replantea la estructura deportiva y renueva la nómina. Saca al equipo de la crisis y lo convierte en triunfador. Introducir su filosofía en la genética del club le costó trabajo; pero llega la cosecha de títulos, iniciando el ciclo triunfal del Barcelona que puso fin a la hegemonía el Real Madrid en España y el continente desde hace más de cinco lustros. Con el “dream team”, esa máquina de ganar títulos, obtiene para los catalanes su primera Copa de Europa. Más que en las estrellas, su enfoque estaba en la cantera, de la que surge Pep Guardiola –su más aventajado alumno-, entre tantas figuras. Pero el ciclo languideció y la estadía de Cruyff se terminó; después de un corto paso por la selección Catalunya, se retira definitivamente del fútbol. Incidió conceptual, sustancial y definitivamente en el mejor equipo de este siglo y, para muchos, el mejor de la historia: el Barcelona y, además, en los títulos internacionales de España: el taki-taki es herencia catalana. Su insistencia en la cantera y en su filosofía de juego seguirá rindiendo frutos. Su principal enemigo fue el cigarrillo, que terminó derrotándolo el pasado mes de marzo. La gloria del # 14, ese Pitágoras del fútbol, estará vigente por mucho tiempo. Quedan para la estadística 405 goles, 23 títulos como jugador, 15 como entrenador y numerosas distinciones, además de su fútbol novedoso y el “regate de Cruyff”. Su legado, imperecedero y triunfal.

Más Noticias de esta sección

Publicidad