Colombia, mágica y grata

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



La aspiración de todo artista es obtener reconocimiento del público, y si la crítica, no siempre benigna y objetiva, resalta su valía, ¡bingo! Más todavía: si los exigentes calificadores mundiales los nominan y premian, estamos ante verdaderos portentos. En estos días, dos caribeños de clase mundial, Carlos Vives y Ciro Guerra, son el foco de la mirada del público y los medios especializados. Más que tropicalismo bananero, es la reafirmación del talento colombiano que irrumpe vigoroso en las élites artísticas universales.


De Carlos Vives hay muy poco por agregar. Puedo decir, como testigo de sus comienzos musicales, que, más allá del talento innato, Carlos es un apasionado por todo cuanto emprende. Su carrera artística inicia en su temprana adolescencia, cuando las cámaras de aquella televisión colombiana de hace más de 30 años enfocaban a ese muchachito que buscaba abrirse paso en ese mundillo. Su plataforma de lanzamiento, el papel del “gallito” Ramírez (que incluso le robó el nombre a la novela “Tuyo es mi corazón”) da inicio a una serie de trabajos de poca resonancia hasta que la exitosa serie “Escalona” y los discos que de allí surgen, catapultan a Vives y su Provincia a encumbradas alturas de la fama internacional, y el vallenato se escucha ahora en todo el planeta. En adelante, el mundo entero sigue de cerca la carrera del samario que, un tiempo después, se desvanece a causa de asuntos ajenos a su carrera. El talento jamás se pierde, y su renacer tiene la fuerza del volcán en espera del mejor momento para su erupción: “Corazón profundo” devela su nuevo estilo; sus obras guardadas esperaban el momento preciso para emerger y, ya imparable, Vives llega a ser el músico colombiano más reconocido y premiado en las grandes ligas universales. Pero, más allá de su innegable valía musical, Carlos Alberto, culto y estudioso, es también un embajador colombiano de la Unicef, y un impulsador de la inclusión social. Se ha comprometido con varias obras en su ciudad natal, especialmente en el rescate del emblemático pero derruido Teatro Santa Marta, además de otras acciones en pro del renacer de la Perla de América. Carlos, un caribeño sencillo, sigue siendo ese “carasucia” mamador de gallo que alguna vez soñó con vestir la camiseta del Unión Magdalena y repetir la gloria del único título con un zurdazo que se alojara en la portería norte del vetusto Eduardo Santos. Esta semana, Carlos recibió de manos de nuestra Miss Universo, Paulina Vega, el merecidísimo Premio a La Excelencia, reconocimiento reservado para artistas latinoamericanos de larga pero importante trayectoria.
El joven pero talentoso cesarense Ciro Guerra, de precoz incursión en el complicado mundo del cine nacional, demuestra su talento en ciernes con su primer largometraje “La sombra del caminante”. Se posiciona rápidamente en los medios y ahora, más que promesa, también frente a la crítica nacional. El cineasta y guionista de la Universidad Nacional ha sido reconocido en el ambiente artístico, siendo por ello invitado a numerosos festivales por todo el mundo. Su última realización, “El abrazo de la serpiente”, es la llave que le abre las puertas del reconocimiento internacional, algo muy difícil por el peso enorme de consolidadas potencias mundiales y la “inexistencia” de Colombia en el campo del celuloide. La película, hoy nominada al Oscar, fue premiada el año pasado en el Cannes, y actualmente está nominada a mejor película de habla no inglesa en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos. La cinta, filmada en blanco y negro, y desarrollada en buena parte con lengua nativa, ensambla mediante el chamán Karamake las historias de Theodor Koch-Grünberg en 1909, quien obtuvo un testimonio fotográfico muchas comunidades hoy desaparecidas, y la del botánico estadounidense Richard Evans Schultes en 1940 en busca de la yakruna, una planta sagrada de propiedades alucinógenas. Acogida por la crítica, la cinta plantea el drama del colonialismo depredador, el negocio del caucho y el cristianismo punitivo que se atraviesa en las creencias tribales. Colombia entera espera que Guerra levante por primera vez la codiciada estatuilla.
Apostilla: El luto cubre a las familias Vives Campo y Vives Prieto por la partida de Orlando, un excepcional ser humano y pilar fundamental de esta casa editorial. Nuestras mayores condolencias por tan dolorosa pérdida.



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