Un alcalde contra todo pronóstico

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

Más allá de los límites propios de la perspectiva teórica adaptada al periodismo, señaló que el Alcalde Distrital Carlos Caicedo Omar posee cualidades de hombre versátil, con energía, audacia y talento para gestionar y transformar en materia de desarrollo social. Este concepto expresado está ajeno a cualquier interés; una demostración fehaciente de esta afirmación es que ni siquiera lo conozco, pero me voy a la veracidad de los hechos; los resultados de su gestión administrativa hablan por sí solos.

 

Cuando llegué a esta ciudad hace 10 años, como ex funcionario del Ministerio Publico de Cali, observé con asombro la administración concesionada con más de 17 contratos; nudo gordiano que se constituía en obstáculo y foco de corrupción; en especial entidades que más jalonan recursos como el recaudo de impuestos.

Es cierto que el burgomaestre heredó un distrito sumergido en la Ley 550 por malos manejos; la cual supo enfrentar y atender en el marco de la legitimidad. Al inicio de su mandato no se notaban obras, pero durante la vigencia fiscal del 2015, el Alcalde dio un giro sorprendente cambiando la brújula de su plataforma de gestión; algunos afirman que lo hizo para vender la ideología política de su candidato; otros afirman que por esta decisión de no invertir desde el principio se perdieron recursos.

Sea como sea la gananciosa en estas circunstancias fue la ciudad  que hoy por hoy ostenta índices de desarrollo que se pueden materializar ante la retina del mas desprevenido transeúnte con normas de desarrollo urbanístico, programas institucionales y demás infraestructura física. El mandatario recupera la plaza de mercado y la pone en servicio, obra heredada de otros alcaldes, convertida en elefante blanco, donde la intimidación, extorción, consumo y ventas de alucinógenos, prostitución orquestada por manos oscuras reinaba por doquier.

Por estos hechos y otros, Carlos Caicedo Omar como Alcalde de Santa Marta deja huella. La referencia a este tipo de argumentos interesa en tanto demuestra la dificultad y necesidad de construir enfoques capaces de comprender las múltiples dimensiones  e intereses frente a la visión de desarrollo, factor este que rompió progresivamente el imaginario de una ciudad multicultural y democrática; viviendo desgraciadamente de: que la ciudad es la más antigua de América, traslapándose, agrandándose y postergando los grandes y verdaderos problemas. ¿Eso qué es?

Retomando el tema de las concesiones, podemos afirmar que el hecho de terminarlas fue un gran acierto de ejecutivo distrital, de gran impacto social que redunda en el bienestar de los samarios, para esta administración y venideras. Es a todas luces un absurdo que se entreguen en concesión dependencias vitales para el organigrama administrativo que se pueden dirigir con autonomía e independencia; además es un atraso institucional que avergüenza el avance de ciudad. Vale la pena preguntar:

¿Qué buscaban los anteriores mandatarios al realizar esos contratos de concesión? Esto es como poner la administración al servicio de los más pudientes y no al servicio de la comunidad; esta es una amarga experiencia que no debe repetirse en Santa Marta ni en ningún ente territorial de Colombia.

Caicedo Omar se constituyó  en una opción ante el caciquismo imperante que existía a quienes supo enfrentar apoyado por un enjambre de emocionados simpatizantes y seguidores,  con un respaldo superior a 70 mil votos. Supo igual sortear antagonismos con algunos medios de comunicación, fenómeno que contribuyó al interés de la comunidad, si se tiene en cuenta que ésta pudo estar informada sobre el fortalecimiento y ejecución del desarrollo institucional, ya que esta es la razón de ser y existir del periodismo: informar con veracidad, objetividad y trasparencia, sin odios ni rencores.

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