Las campanas

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Esa especie de copón metálico invertido, que suena por el golpe de un badajo impulsado por una cuerda, ha estado presente desde tiempos desconocidos, casi que en cada rincón del orbe. Sus sonidos rememoran principalmente a las iglesias cristianas, pues ellas convocan a sus fieles tañendo esos firmes bronces. Las regiones del mezzogiorno italiano apadrinaron su nombre actual: tiempo atrás, en la Campania se hacían las mejores.

 

El Imperio Romano creó un lenguaje para sus "tintinábulas", que indicaban las actividades cotidianas: la apertura del mercado, la hora de los baños, el traslado de criminales al cadalso, los eclipses y muchos otros acontecimientos; a los animales les colgaban, como actualmente, pequeñas campanas para ahuyentar los espíritus.

Empezando el siglo VII, la iglesia cristiana usaba las campanas para anunciar los oficios y las festividades. En el siglo XVI prohíben uso distinto al religioso, excepto para avisar de emergencias y calamidades. Cuando las campanas crecieron en tamaño y peso, se construyeron torres para alojarlas y expandir a mayor distancia su llamado: repique, llamado a misa, ángelus, Ave María y otros toques son característicos.

Las campanas eran conocidas por los egipcios, griegos y romanos. Se cree que las actuales se funden por primera vez en Europa entre los siglos VI y V; fueron creciendo en tamaño y, desde el siglo XIII, son grandes, con la elegante forma que ahora tienen.

Muchas de ellas siguen campantes, en uso cotidiano en muchas iglesias. Pero no son exclusivas del cristianismo: con otras formas y manejo, se utilizan en las ceremonias religiosas japonesas, sintoístas y budistas: unas son esféricas con perdigones metálicos que emanan sonidos desde el interior (suzu); otras son semiesféricas y suenan al ser golpeadas externamente (kane).Los hindúes y budistas emplean las campanas colgantes (ghanta), que suenan cuando los fieles entran a los templos.

Además de sus aplicaciones religiosas y civiles, han sido protagonistas en causas bélicas. La inscripción en la campana de Hoko-ji, en 1614, produjo un incidente que llevó al conflicto entreel shogunato Tokugawa y el clan Toyotomi; después del asedio a Osaka, los Tokugawa eliminaron a los Toyotomi y dominaron Japón durante 250 años.

La Campana de la Libertad en Filadelfia es el símbolo de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos: convocó a los ciudadanos para que escucharan la Declaración de Independencia, además de participar en episodios como la Batalla de Lexington y Concord. En 1837 se convirtió en el símbolo del movimiento abolicionista de la esclavitud.

Las leyendas también están presentes. Se destacan las de la campana de Rere en Chile -no hubo manera de trasladarla a Concepción-;la de San Nicolás, en España -se dice que toca sola y el badajo se mueve en forma de cruz-; la de Veilla, que repica por sí misma; la de Saint-Gallque nunca tañó: el monje Tracho se robó la plata destinada a la fundición; cuando, espantado con su silencio, tomó la cuerda, el badajo se desprendió y le aplastó. Quasimodo fue el campanero de Nuestra Señora de París. Fabricarlas no es fácil; conjuga técnica y arte para lograr la firmeza y el sonido, evitar que se rompan y lograr nitidez.

 No ha cambiado el viejo método, y los fabricantes emplean bronces de diversas aleaciones. El acero fue usado sin mayor éxito en la Inglaterra del siglo XIX. Según los artesanos, el proceso de elaboración toma cerca de un mes. Las dimensiones y proporciones son exactas para dar tonos y notas precisas. Durante su afinación se emplean diapasones y afinadores estroboscópicos electrónicos, que implica un trabajo adicional posterior. Cuanto más grande la campana, más complicado es su manufactura y afinación.

 Existen desde campanillas diminutas, hechas en diversos materiales y formas, hasta la Campana del Zar, que reposa en el Kremlin, considerada la mayor del mundo. Se afirma que la más grande jamás fabricada -270 toneladas- está sumergida en el fondo de un río en Birmania. Quien quiera saber de estos artilugios, debe ir al Museo de las Campanas, en Mina Clavero, Argentina, propiedad de Edgardo Gilardi, en donde hay más de 600 campanas de todo el mundo. Los Quasimodos, nobles campaneros, han sido reemplazados por programadores electrónicos, y hasta bocinas. Los artesanos fabricantes se están extinguiendo inexorablemente.



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