Comida callejera, de Londres para el mundo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

En Europa hay un viejo chiste: ¿Cómo hacer el cielo y el infierno con las mismas personas? El cielo es un lugar dónde los policías son británicos; los cocineros, italianos; los mecánicos, alemanes; los amantes, franceses; y todo está organizado por los suizos. El infierno es donde los policías son alemanes; los cocineros, ingleses; los mecánicos, franceses; los amantes, suizos, y todo está organizado por los italianos.

Claro está, las comidas tradicionales inglesas no rivalizan con las europeas y, para los paladares más educados, están muy distantes de la tendencia gourmet del viejo continente: platillos tradicionales como el "full english", -desayuno británico por excelencia-, los clásicos fish and chips, roastbeef sándwich, chckenparmo, sundayroast o shepherd´s pie no seducen jamás a los nativos continentales y, menos aún, a los mediterráneos.

Las papas fritas, muy distantes de las belgas o francesas, reinan como acompañantes de esas preparaciones británicas que dominan en los pubs más tradicionales. Pero, cuidado: en la Gran Bretaña de hoy, especialmente en Londres, hay dos tendencias que trabajan en la misma línea: la comida callejera ("streetfood") de casi cualquier lugar del planeta, servida en pequeños locales, en carritos o en pequeños camiones especialmente adaptados ("foodtrucks"), higiénicos y de calidad; y la comida saludable ("healthyfood").

Los pintorescos mercados londinenses, como Boroguh, Notting Hill & Portobello Road, Cambden Lock, Brick Lane, Columbia Road Flowers Market, Brixton y otros tantos, alojan verdaderos tesoros escondidos de comidas callejeras procedentes de todo el orbe, de buena calidad y precios bajos; fácilmente se pueden observar a los nativos de aquellos lugares en donde los ejércitos ingleses "hicieron presencia" preparando a la vista sus apetitosas viandas, y ofreciendo degustaciones al público: chinos, indios y paquistaníes, caribeños y antillanos, árabes y judíos, además de mexicanos, peruanos, vietnamitas, coreanos, argentinos, brasileños, españoles, venezolanos, italianos, australianos y franceses, entre otras muchas colonias.

En fin, todo el planeta dice presente en la gastronomía callejera de Londres. Tanto que, afamados chefs locales y extranjeros dedican hoy programas televisivos y gacetas a esa nueva tendencia. Incluso, existen allí lugares colombianos donde se consiguen buñuelos, patacones, empanadas, aguepanela con limón, bandeja paisa, ajiaco y hasta calentaos.

Lo verdaderamente interesante es que, al reunirse la variedad mundial con una enorme oferta y comida sana a costos inmejorables, se obtiene la mejor relación posible entre calidad, cantidad y precio. Si bien es cierto que Londres ofrece todavía muchos platillos tradicionales británicos en sus calles, las variaciones y fusiones de la gastronomía mundial no se hacen esperar: se pueden disfrutar falafel que en nada envidian a los del Medio Oriente, complementados con abundantes ensaladas de estilo europeo; pato rostizado con exquisita mermelada de cebollas rojas -muy británica y deliciosa, por cierto-; pizzas comparables a las napolitanas, hechas con quesos ingleses; patés vegetarianos franceses de hongos de Escocia; "pulledpork" (pastelillos con carne de cerdo) acompañados con ensalada de repollo alemana; y, también: hamburguesas de canguro, camello, llama, cebra o cocodrilo; en fin, comida callejera variada, formidable, abundante, de buena calidad, saludable, higiénica, a inmejorables precios y en concurridos lugares. ¿Qué más se puede pedir?

Es cierto: no estamos en Londres pero bien podemos referenciarnos de ellos para sacar algunas lecciones. La comida callejera saludable y de calidad reclama sus propios espacios en todo el orbe, y Colombia no es la excepción, pues ya están apareciendo, incluso en algunos "foodtrucks" nacionales.

La tendencia de la comida callejera sobre ruedas la marca el despreciado mundo gastronómico anglosajón, ahora vitalizado con sus pares de todo el orbe. Consideremos que estos restaurantes ambulantes aparecieron en Estados Unidos, y que en el Reino Unido han tomado fuerza inusitada. También, que el restaurante londinense Fat Duck ha sido varias veces calificado como el mejor del mundo, peleando con El Bullide Ferrán Adriá, el danés Noma, el Cellar de los hermanos Roca y la Osteria Francescana de Módena. Según Restaurant Magazine, entre los 10 mejores restaurantes del mundo hay uno británico y otro estadounidense.

Colombia debe reglamentar debidamente las comidas callejeras, y los restauranteros deben obligarse, como en Londres, a presentar una oferta acorde con las tendencias que marcan ahora los siempre desairados cocineros ingleses que ahora, toma la batuta de la comida callejera mundial.

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