Sobre las rechiflas y su significado

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Paloma Valencia Laserna

Paloma Valencia Laserna

Columna: Opinión

e-mail: palomasenadora@gmail.com



Tal vez, la mayor dificultad de la política es mantener la perspectiva. Los políticos están rodeados de amigos, se reúnen con copartidarios y difícilmente pueden calcular si estos son muchos o pocos, o si están siendo sinceros, pues la falsa adulación es parte del quehacer diario. Los políticos pueden tener al menos dos maneras de relacionarse con la realidad; defendiendo convicciones o pretendiendo cabalgar sobre los impulsos de la opinión.

Para mí, la política debería ser un ejercicio de convicciones, de certezas interiores. Se tienen posturas, porque se cree en ellas y se confía en que en algún momento -luego de explicarlas y defenderlas- la sociedad coincida, y escoja ese rumbo.

Ese es el tipo de liderazgo que ejerce Uribe, que mantiene sus ideas aún cuando el viento esté en contra, y se vuelve más vehemente ante la dificultad.

También existen los políticos de la oportunidad; que creen identificar una dolencia de la sociedad y se quieren convertir en voceros del sentimiento colectivo. Lo hacen de afuera hacia adentro; y entonces deben tratar de guardar sintonía con la opinión.

Son los políticos de las encuestas, los que salen detrás de cada escándalo mediático a proponer soluciones de tintes efectistas. Santos se eligió con el discurso de la seguridad democrática, luego lo calificó de guerra y se reeligió con el discurso de la paz y la mermelada.

Los políticos de la oportunidad son impredecibles, pues las causas que defienden son secundarias al gusto por el poder; pueden cambiar de una idea a otra, sin muchas contrariedades.

Son susceptibles a los vaivenes de la opinión pública, porque el ego individual se asienta en la aprobación colectiva. Son menos propensos a la rigideces de las convicciones, y más pragmáticos en la manera de tomar sus decisiones.

Las rechiflas contra Santos generan la ira del Ministro de Defensa, que aduce los títulos que ostenta el Presidente para recriminar a los manifestantes.

Es tal la incomodidad que le genera al mandatario, que para serle leales, gobernantes locales prohíben con decretos las manifestaciones públicas durante la visita de Santos o de Vargas Lleras.

Hay incluso furia en los jefes de prensa porque semejantes eventos logren -sin mermelada- alcanzar notoriedad en los medios de comunicación.

Uribe por su parte, parece satisfecho con las protestas. Va a aquellos sitios donde la polémica promete ser aguda. Tiene que ver, claro, con su deseo de controvertir a sus críticos, porque se siente cómodo con sus ideas y sus posturas.

Tiene que ver también con que cada protesta contra Uribe lo equipara con el primer mandatario. Las rechiflas son, unas contra el Presidente de la República y las otras contra Uribe, un expresidente y un senador.

Quienes protestan contra Santos, protestan contra el Presidente. Lo hacen para evitar que use el poder que tiene para imponer ideas; se protesta contra las decisiones tomadas o por tomar que los afectan. Quienes protestan contra Uribe no protestan contra el gobierno, sino contra el senador.

Uribe es un líder que cimienta su poder no en un cargo, sino en su incidencia sobre la sociedad. Quienes protestan contra Uribe, protestan contra sus ideas, su liderazgo; protestan porque haya otros que lo siguen.



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